02 enero 2014
GUAYAQUIL, PAISAJE Y PARADOJA
Arq. Vicente Vargas Ludeña Diciembre 2013
No son muchas las ciudades que nacieron en un paisaje, y continúan siendo paisaje. Rio de Janeiro, es la primera que viene a mi memoria; también aquellas que cuelgan de las montañas, o incrustadas en el profundo valle conservan eternamente ese encanto. Claro está, son primero y siempre geografía natural, pero en ella se clava otra geografía: la humana. Es compleja la percepción de su forma y tamaño, cuando el mar es su horizonte y el agua es el medio. Guayaquil tiene esa seducción de ser fundamentalmente geografía. El destino de Puerto es una gracia porque es refugio, llegada, y es tentadora porque es múltiple y diversa; el mar la penetra desde el sur, pero esta huye hacia el norte; el Río que sube y baja da cuenta de su historia, le ayuda a oxigenarse y evitar la muerte que locos por el poder de todo tipo la asfixian sin piedad. Parodiando a Zavalita en la novela “Conversación en la Catedral” de Vargas Llosa, cabe la pregunta ¿Cuándo se terminó de joder la ciudad de Guayaquil? Toda crisis tiene su génesis o, es la prolongación o derivación de otras crisis. Sin embargo es una pregunta que no distrae, inquieta o alerta a ningún historiador, académico o político. Guayaquil nunca fue un dechado de orden Institucional, a pesar de su peso especifico en la economía regional y nacional. La vocinglería de falso civismo, guayaquileñismo, madera de guerrero etc. son eslogan y episodios de las élites para remover en la población sus propios sedimentos de incapacidad y poder antitético sin límites. Es la importancia económica de la ciudad lo que permitió a las aristocracias y plutocracias reclamar para sí el destino de la Nación, hasta que salió y un día se marchó para siempre el último dueño del País. Guayaquil ha sido tierra fértil de toda clase de populismos; correcto sería decir la Costa en general. Sus habitantes son de inmediatas respuestas a sus existencias, el mundo se desbarata en sus manos, confían y esperan soluciones de otros; coyunturas propicias de la burguesía para revolcar sus discursos sobre las miserias, la pobreza y proponer soluciones casi milagrosas. Así han formado ejércitos de segundones, corifeos, guardaespaldas y una feligresía a la espera del maná. Asad Bucaram E. figura señera del populismo ramplón y rupestre, que nunca se privó de satisfacer a dios y al diablo, -lo hubo también el ilustrado: Velasco Ibarra fue uno- lideró un Decreto legislativo en la Constituyente de 1966 sobre la soberanía de la Zona de Playa y Bahías que manejaba la Marina de guerra en las ciudades del Litoral, ahora, pasaba bajo la jurisdicción de los Municipios. El principio del fin se aproximaba con estos clarines. Guayaquil en las décadas del 50 y 60 crecía con vocación proletaria y portuaria al oeste y al sur, las burguesías lo hacían al norte. La ciudad explotó dinamitada por este Decreto legislativo. Lo siguieron Machala, Esmeraldas y cualquier pueblo que estuviera bañado por mar o por río. Las invasiones fueron el leitmotiv del discurso político de Bucaram, carecía de cualquier otro, lo fue también de sus sucesores los socialcristianos. Guayaquil se volvió una ciudad lacustre: los principios, las doctrinas y las reivindicaciones se erguieron sobre palafitos de miseria. Se diseñó un manual de invasiones exitosas: en las riberas, en el agua, en los cerros, en la cañadas; no quedaría accidente geográfico que no esté en la mira del político y del comerciante traficante. Este fenómeno mafioso adquirió dimensiones huracanadas; todos los pueblos de la costa vivieron el torbellino de ladrones y asaltantes, alternándose como reos y convictos numerados en la camiseta: con la “6” y la “10”, -no han requerido otra identidad por qué nada son y nada representan- asolando cualquier futuro y esperanza. Eran verdaderos apóstoles del desastre. La compresión lúcida del Gobierno del Presidente Correa, está dando la respuesta que debió haber sido siempre: el desarrollo armónico y sustentable de las ciudades. El auge y caída de la burguesía guayaquileña, las crisis políticas en el hemisferio a raíz de la Revolución cubana, la diversificación de la economía nacional con nuevos ingresos del petróleo, los sucesivos golpes de Estado en el País; organizaron un interminable y variopinto desfile de alcaldes con la lógica inestabilidad Institucional. Pero lo destacable de esta época es la decadencia intelectual, ética y moral de los descendientes de los “gran cacao”, de los banqueros, de los filántropos y de la gran troupe de inútiles y parásitos que asumieron el papel de sus progenies. Las dinastías que algún momento crearon fortunas y acumularon poder político, social y económico sus hijos no pudieron conservar, peor aún multiplicar el poder y la gloria. Se la fumaron, se la birlaron en la “dolce vita” europea y miamera. Alvarito es un paradigma de esta estirpe, pero, como fue tan inmensa su herencia, le está tomando tiempo gastársela, dilapidarla; a pesar que juega a benefactor, a político, a empresario… en fin, tiene un sin número de hobbies. El actual alcalde es contemporáneo de esa camada de cachorros. Este es el porte de aquella generación. Comprobar en los apellidos de los que manejan las Fundaciones municipales, la Junta de Beneficencia y algún otro reducto que aún conservan. Sin embargo, en ese limbo de pobreza moral en el que habían caído los hijos de papá; aparece un líder salvador que los sacará de la anomia en que viven. León Febres Cordero recupera el glamur y el estatus para la oligarquía nacional, y especialmente local; aunque no haya talento, inteligencia, solvencia moral logra aéreas claves de la economía y en ellas se zambullen para depredar. Sabemos cómo terminó el festín bancario. Cabe destacar, aquí también, que un guayaquileño sin pertenecer a las élites económicas ha logrado orillar a la rancia y decadente burguesía y bloquear sus poderes facticos. El Ecuador contemporáneo se somete a un cambio de época, a pesar que Guayaquil sigue suspendido en hilachas de lo que fue la estructura política socialcristiana. La recuperación del poder por la oligarquía, liderada por Febres Cordero le permitió refugiarse en el municipio y desde ahí dimanar el poder al resto del País. La gestión cimera municipal la objetivaron en la llamada “Renovación Urbana” de Guayaquil; para lo cual parten del diseño de dos escenarios teatrales: el Malecón Simón Bolívar y el Malecón de Salado, principalmente, luego algunos ejes viales que reciben un maquillaje de nuevos sobrepisos y luminarias, algunos tramos de veredas las ensanchan, así mismo segmentos de calles las decoran. Existe un chagrillo de espacios escénicos urbanos de acuerdo, según parece, a las emociones y sentimientos estéticos del Burgomaestre. Es importante resaltar el tratamiento que recibe la prolongación del Malecón Simón Bolívar, con la Escalinata al Cerro Santa Ana, el pastiche de la calle Numa Pompilio Llona pasando por lánguidos espacios culturales; a dónde conduce, y era el verdadero propósito de la Renovación Urbana, es cualificar lo que fue espacio público para convertirlo en recinto exclusivo de alta gama: el complejo arquitectónico y urbanístico privado de inconfundible diseño y estilo de vida miamero, llamado Puerto Santa Ana. Si el uso público del Malecón 2000, se sujeta a una serie de restricciones supervigiladas pacatas, lo que está a la vuelta del Cerro será de paso prohibido. El discurso recurrente socialcristiano ha sido y lo sigue siendo, a pesar de magros resultados, que el mercado y la inversión privada justifica todo esfuerzo y sacrificio. Para lo cual el poder público debe volcar toda obra para estimular al empresario promotor. Claro, cuando la cosecha es a vaca muerta el dinero aparece sin preguntar origen. Pero si hacemos un ejercicio breve de urbanismo en el Centro tradicional -aquí no tenemos centro histórico- de Guayaquil y lo delimitamos: al norte la Calle Julián Coronel, al sur la Avenida Olmedo, al este el Malecón Simón Bolívar y al oeste la Av. Quito, si se desea se puede ampliar radialmente esta área, en la superficie limitada se desarrollan todas las actividades administrativas públicas, la matrices bancarias estas implantadas ahí, las grandes firmas comerciales, y existen abundantes hitos y nodos urbanos de alta simbología ciudadana y cultural. Además de una abundante red de comercio grande y pequeño, formal y del otro. En este espacio los gobiernos socialcristianos durante veinte años han apostado a las inexorables leyes del mercado y a la inversión privada que nunca llegó. Axiomas neoliberales falsarios con los que obstinadamente continúan. Cualquier viandante que conoce la ciudad puede comprobar que la renovación no ha provocado absolutamente ninguna inversión particular. No existe obra alguna arquitectónica o urbana que haya modificado el perfil vertical ni el trazado reticular. Por el contrario, el diario El Telégrafo reportó un centro de la ciudad en fuga, en abandono, con actividades económicas de supervivencia, con ejes viales, pasos a desnivel y trazado de la Metrovía que han matado toda forma de vida citadina. Guayaquil tuvo en el pasado un parque industrial importante y diverso, a más de su área portuaria, esto cada vez se reduce, lo que evidencia a toda luces la miopía, incapacidad y principalmente el carácter patrimonialista y rentista de las burguesías locales. El turismo es la carta de navegación que se ha trazado la derecha privatizadora desde el municipio, incluso en el nuevo periodo si ganan las elecciones, apuestan por la misma actividad económica. La visión administrativa de lo público para esta derecha preescolar pero rabiosa, es a imagen y semejanza de las ciudades de los EE. UU., cuyos alcaldes regularmente son multimillonarios, ellos no construyen ciudadanía, gerencian el dinero público en Bolsa y privatizan las necesidades humanas. Los escenarios que construyeron en los malecones ya saturó la demanda turística y novedosa, local y nacional ¿No se les habrá ocurrido que al extranjero lo pueden atraer con esa fachada? Pero en todo juego de azar alguien sale con beneficios y sería saludable conocer los terratenientes urbanos que se ha apoderado del centro que hemos analizado; grosso modo, podemos apreciar que gran parte pertenece al mismo grupo étnico, conservan los mismos rasgos de desprecio por lo colectivo -es decir la ciudad- y corren solo en pos de la renta. Edificios y casas viejas que se van convirtiendo en solares vacios, esperando el engorde del valor del suelo. Como el municipio gobierna para ellos y son parte del poder, ahí dormitarán hasta un día despertar a un nuevo amanecer. Dijimos que podíamos irradiar del centro al norte, sur y al oeste y el horizonte es el mismo: una inmensa y compacta mancha descolorida de techos de zinc. El Suburbio que se hunde en el manglar, el Guasmo que lo contiene el Estero y el Río; y los cerros que los colorean para ocultar la vergüenza y halagar de alguna forma a los nuevos vecinos del Puerto Sta. Ana ¡Cuánto daño hace a la sociedad el maridaje sin escrúpulos del poder político y el económico! El gobierno local no participa ni le importa la construcción de ciudadanía, le interesa y gerencia negocios, en consecuencia se vuelve cómplice de la degradación de la forma de vida, los meandros de mar que fueron agredidos se vuelven trampas de la pobreza. Pero Guayaquil es paradójico, la burguesía también busca placidas riberas de los esteros, de los ríos. Urdesa es gran ejemplo, el Estero bordea todo el conjunto urbanístico: aguas claras, navegables, un micro sistema natural envidiable; hasta que un día los mismos industriales primero, luego la masa invasora, trocaron a ese remanso de mar en una colosal alcantarilla. La burguesía tiene gran capacidad de movilidad, el espacio es una fortaleza. Esta vez emigró a un aislado territorio de geometría triangular -La Puntilla- bañado por dos caudalosos Ríos: el Babahoyo y el Daule, como bisectriz de ese triángulo surca el único eje vial, convirtiéndose en la yugular de la zona; si consideramos que cada miembro de la familia tiene vehículo más todas las otras actividades complementarias, en una emergencia de catástrofe no es difícil evaluar los resultados. Ojalá jamás se estrangule con vidas. Como siempre lo han hecho, los municipios no construyen urbanismo, tampoco ciudadanos, solo administran poder político y dinero, desde ahí perviven en sus canonjías y cuelgan sus escudos nobiliarios. La invasión del suelo urbano en Guayaquil, es un problema de lucha de clases. Parece que las teorías de M. Fiedman surgieron aquí, con respecto a: lo público es mío. No solo el proletario se apropia de tierras baldías y ahí construye un remedo de casa; también lo hace la burguesía rentista. La diferencia es que el primero aspira que ahí quepan sus sueños; el segundo es si todo cabe en sus bolsillos. El complejo urbanístico y arquitectónico de Mall del Sol, buena parte fueron tierras de conquista de una banda de traficantes en tiempos de una célebre alcaldesa; el reclamo pudoroso a semejante vergüenza y descaro terminaron en manos de grandes promotores inmobiliarios con el Sol como faro. Independiente de la dudosa tenencia de la tierra, el uso del suelo, porcentajes de área de implantación entre otras son regulaciones municipales que no existen. Aquel proyecto posee una promiscuidad y hacinamiento arquitectónico que busca confundir y disimular el estilo de su modesta modernidad con un híbrido estilo High Tech; para el que lo habita debe ser más característico. Construcciones de alta calidad -mucho vidrio, aluminio- enfiladas y agrupadas en enormes bloques propios para vivienda multifamiliar subsidiada. Otra estrella del “desarrollo” urbano de la ciudad es el conjunto comercial, vivienda y servicios en el sector norte de la ciudad que evidencia la inexistencia de un Plan Regulador, ni normas mínimas a cumplir. Arranca del City Mall hacia el este, en el único eje vial existente de segundo orden, ya de tráfico colapsado, poblado de centros educativos, residenciales y comerciales; sobre esta calle se construyen edificios de gran altura. Lo singular de este mega proyecto urbano y arquitectónico es que las edificaciones están emplazadas y parten desde la misma línea de fabrica; las marquesinas que señalan los ingresos llevan el plomo del bordillo; son de una mezquindad suburbana con el espacio, que un vehículo que se estacione momentáneamente puede provocar el apocalipsis. Es necesario enfatizar que la zona tiene una trama reticular de todas las calles ciegas, de segundo y tercer orden. La movilidad, la contaminación, la sustentabilidad y el modelo de vida serán de última categoría. Guayaquil es una ciudad patética, amada y maltratada por su población, manipulada por las élites que conocen o han vivido en metrópolis europeas y norteamericanas, despreciada por políticos gamberros, indiferente a sus colegios profesionales: Arquitectos, Ingenieros, Salubristas etc., engañada por los medios y adulada por cronistas cursis. No es la fragua, ni el crisol que melosamente vociferan las oligarquías decadentes. Es simplemente el lugar que ahora, hoy, desde otra visión política, nuevos e inteligentes liderazgos está aprehendiendo a construir ciudadanía donde todos puedan tener un lugar un futuro y una Nación.
01 mayo 2013
NI TRIUNFO NI APOTEOSIS… PESIMISMO
Arq. Vicente Vargas
Ludeña
No está clara la pertinencia del
concepto de ciclo en la vida de los seres. Indudable que la materia prima de
ese círculo -de ahí deriva ciclo- es el tiempo; entonces el problema es su geometría. En la línea del tiempo se
extienden o acortan esos segmentos determinados por la edad, las vivencias, y su rol en el contexto social. El papel que
desempeñó el individuo puede ser, intelectual, cultural, político o emprendedor,
etc. Un deportista -el futbol por
ejemplo- inciertamente inicia su camino, vive de él y para él, y un día un
trauma, la edad o cualquier contingencia lo orilla. Lo mismo sucede en
cualquier práctica social.
Personalmente he transitado por
la Universidad Técnica de Babahoyo con preocupación académica, durante treinta
y siete años. Esto tiene el carácter de inicio y cierre de un ciclo. No fueron
las cuentas del tiempo: dogal, desvelos, sacrificio; fueron más bien: un
ejercicio intelectual, un desafío académico y una nueva experiencia; inicialmente
con mucha vocación y talante, mas tarde con escepticismo y finalmente con
desdén. De esto hablaremos más adelante.
Las notas secuenciales que se
narran a continuación no son una crónica, tampoco un ensayo, ni una denuncia, teorización
sociológica o acusación particular. Son una semblanza reflexiva, analítica y
crítica de lo que conocí y viví. Es lo que existe en este instante, y que
cualquier persona puede dar fe. Mi presencia en la Institución, debo confesar,
siempre fue periférica, salvo un corto periodo que me involucré y me planté en
el ojo del huracán; tiempo suficiente para ponderar el tamaño de los avatares a
los que ha sido y es sometida la Universidad; medir las fuerzas contingentes
que habían participado históricamente en las pugnas, armando y desbaratando lo
que los anteriores consideraban sus logros. Siempre el leitmotiv del nuevo
cortejo fue construir sobre las ruinas dejadas de los que huyeron. Hasta llegar
al actual momento. El corsi e ricorsi de la condición humana, de G. Vico.
Creyendo que esos episodios
vividos, podrían ser el fin del ricorsi, con transparente ingenuidad me inicié
con un texto de mi pluma para un memorial en bronce que todos aprobaron; y que
recordaba la última guerra de los buenos contra los malos. Un robusto árbol de
mango protege del brillante sol de las mañanas al monolito que recibe el bronce, ubicado en el espacio abierto
central del Campus.
MEMORIAL
ESTE BRONCE
Y ESTE LUGAR, PERENNIZAN UN ACONTECIMIENTO HISTÓRICO PARA LA EXISTENCIA MISMA
DE ESTA INSTITUCION. EL 24 DE FEBRERO DEL AÑO 2002 SE INICIÓ UN MOVIMEINTO DE
SUS MIEMBROS QUE CONMOVIÓ, DETUVO EL DERRUMBE Y DESPARICION DE LA UNIVERSIDAD
TECNICA DE BABAHOYO.
NUNCA MAS
DEBERAN EXISTIR PEDESTALES NI BRONCES QUE NO SEAN PARA CELEBRAR EL TRIUNFO Y LA
APOTEOSIS DE LA UNIVESRSIDAD.
EL
COMITÉ
BABAHOYO, 24
DE FEFBRERO 2005
Para una cabal comprensión de la
crisis actual de la UTB, es necesario contextualizar con la realidad nacional,
primero; luego adentrarnos en la región, y en la Institución después. Para cualquier análisis, siempre
partimos de la época más cercana políticamente: El fin de las dictaduras
militares y civiles que culminan en el año de 1979, ya eran el inicio de un
sistema socio-económico y político que más adelante pisa duro en el mundo: el
neoliberalismo, apuntando toda su
parafernalia a los Estados pobres y a sus Instituciones; que luego serán pasto
de los buitres y sus fondos financieros externos, en intrincada complicidad con
las elites locales. Cuando alguien denuesta que somos nosotros mismos los incapaces
y deshonestos en el manejo y administración de lo público, tiene razón; pero
las Tablas de la Ley y sus diez mandamientos vienen desde el imperio, del cual
hemos dependido históricamente. Además, con sencilla decencia, debemos admitir
que de lo poco decentes que somos, viene de un mestizaje hispano-americano; ironizado
por los mexicanos en la Malinche -Indígena al servicio de Cortez en la
conquista- por su felonía, oportunismo y todos sus efectos colaterales.
Este síndrome ético cunde de
desanimo y pesimismo en el conjunto social, que se transmite de una generación
a otra, y se vuelve infinita en el tiempo ¿Cómo explicar, que pueblos de la
costa asentados en una cuenca hidrográfica de magnitudes oceánicas, la gente
que vive en las orillas de los caudalosos ríos, no tenga agua potable para
saciar su sed? Babahoyo es un paradigma de ese maldito destino. Es la
incapacidad enciclopédica y la vasta picardía de bajos fondos. Es el lacerante final de
estos pueblos. Lo señalado, interpreta la dinámica de la aplicación del modelo
de Estado y sociedad que requiere el sistema para funcionar, con los agregados
ya dichos. Estas dos fuerzas poderosas impuestas desde afuera y la degradación
desde adentro, no hay Estado, ni Instituciones que se mantengan en pie. Todo se
derrumba. Febres Cordero, por ejemplo, fue un titán en corromper y demoler el
pequeño y débil Estado-nación que teníamos, hasta dejar en escombros: el poder
político, la Justicia, el Parlamento, la FF. AA. Etc. Todo lo que tocaba lo
prostituía.
La educación elemento
indispensable -como el agua y el aire para la vida- en una sociedad civilizada,
también estaba en la mira del modelo del sistema que estaba por venir. A la
gran burguesía, la educación pública no le interesaba; no estaba en su agenda financiera
ni política; estaba, solo como agente
reproductor de ideología del sistema. Ellos sembrarían el País de centros
educativos y universidades que sus miembros requerían. Las ruinas de la
academia pública la dejarían intencionalmente a grupos políticos delirantes y a
encomiables administradores para que tutelen la educación superior. Entonces,
“los que no pudieron aprender, se dedicaron a enseñar y a administrar”. En el
balance final, ahora que otros horizontes
aparecen para la Universidad ecuatoriana, es difícil establecer quien le
ha causado más daño: si las elites desde el poder político complaciente, los
grupos gamberros politizados. O, es la mezcla de todo.
Las Universidades públicas
antiguas y con pergaminos, hasta las más jóvenes sin pedigrí y de dudosa
existencia, fueron pasto del vandalismo y vergüenza. Unas más, otras menos. La
Universidad Estatal de Guayaquil es una enorme masa informe en decadencia desde
la década de los setenta; existen Facultades que son territorios liberados, Estados
autárquicos -ahora obligados por la ley a devolver a los estudiantes el dinero
mal habido-. Jóvenes egresados de esas facultades, con íntima honradez, se han
matriculado en otras Carreras de otros centros para entender lo que un día
habían ido a estudiar; y también, para tener un currículo competitivo.
En Ecuador, desde hace seis años,
la sociedad percibe nuevas relaciones de poder político, no radicales, pero si
latentes en algunos sectores y cambiantes en otros. Tener Universidades
funcionando con los esquemas que se han descrito anteriormente, era rutina para
el Estado, la sociedad, la familia, el estudiante. Todos asimilábamos y nos
sometíamos al estatu quo, al modus vivendi, al establishment –y todas las
formas de vida organizadas imaginarias- académico que había surgido en brumosas
y largas noches de conciliábulos junto con sacrificados patriarcas. Nunca
faltaron, en todo el Ecuador, los predestinados, iluminados, intelectuales,
gerenciales que se ofrecían patrióticamente a salvar las Universidades. Hasta
un Lelo se irguió en la Universidad de Guayaquil como salvador y refundador; y
más bien se convirtió con sus ambiciones políticas en refundidor; de ahí, su
enorme masa informe del alma mater porteña, como suele decir la frase hecha.
Este gobierno inaugura la catarsis social y política, y el purgante más amargo
que la comunidad debe tomar, es la determinación de evacuar por los
desaguaderos ese pasado vergonzoso de modelo de Universidad. Esas purulencias
seudo académicas que vivíamos, provocaba en la comunidad fatalidad y fatalismo
como norma vital; y mantenían grupos perniciosos enquistados por décadas
agudizando mas el daño moral de la sociedad.
Las nuevas estructuras
orgánicas, jurídicas, administrativas y
académicas nacidas en este gobierno, intentan romper y detener, no la crisis,
sino la destrucción de la sociedad. La categorización establecida por el Estado
a partir de la primera y rasante evaluación de las Universidades, refleja groso
modo lo que tenemos y con que contamos. En esa escala de evaluación de la A hasta la E, no son todas las que están, ni están todas las que son. Si el
discurso del Gobierno de sus Planes, Programas y Proyectos académicos que tiene
para el País y la aplicación evaluatoria ya no es rasante, sino rigurosa y
profunda, muchas Universidades desaparecerán. Su desaparición no provocará la más
mínima conmoción, ni reacción ciudadana, salvo la presencia de agitadores
profesionales, los pequeños negocios asentados en el vecindario y algunos
servidores; los más contestatarios,
serán los beneficiarios del poder. La razón es muy simple, aquellas instituciones
no han trascendido ni han aportado en absoluto al desarrollo de la comunidad. Más
bien constituyen un lastre económico y en algunos casos moral.
vichevargas.blogspot.com
NI TRIUNFO NI APOTEOSIS… PESIMISMO
II Parte
Arq. Vicente Vargas
Ludeña
La Universidad Técnica de
Babahoyo, relativamente joven -1972- es un buen ejemplo para una reflexión
crítica de su trayectoria e incidencia en la vida de la región y la ciudad.
Cuando nace una Institución trascendente y compleja en el seno de la sociedad, siempre
se espera con ilusión soñadora, por los gestores, los beneficiarios y la
población en general: horizontes luminosos, prósperos, señeros…La utopía
volviéndose realidad. La misión, aunque no escrita en su tiempo, fue la
formación académica de profesionales, con rigor científico, humanista,
propagadora de la cultura; y fundamentalmente ética y moral. Estos principios
son casi universales; los caminos, los actores y los logros son los diferentes.
Es necesario y urgente trazar unas coordenadas históricas que ubiquen en el
tiempo sus resultados.
La UTB, nace contaminada por el
virus de las pugnas internas en su afán de poder. A veces, el oportunismo se lo
matiza con excelencia: quien lo hace mejor; otras, con una mantecosa sustancia
llamada lucha ideológica. Como cada Universidad debe tener su propio héroe, a
cuya tumba o memoria se debe peregrinar cada vez que las circunstancias lo
requieran, también ésta lo tuvo. Un día asesinaron en su propio campus a un “combatiente
de la libertad”. Es decir, con la partida de nacimiento de la Institución,
también se otorga la partida de defunción de un luchador. Paradojas
cartesianas. He ahí la importancia de las coordenadas. El caos, descomposición
social, política, económica y política, improvisación, desconcierto que vive el País en aquella época, la Universidad era su espejo con todo su brillo, las taras se reproducían a imagen
y semejanza, y a veces con refinados debates filosóficos, ideológicos y
políticos. Aquella época, era de verdad de conflictos mundiales, los eventos
propiciaban la discusión, la toma de partido: Vietnam, Mayo de 68; las
contradicciones del sistema encarnadas en la juventud norteamericana etc.,
llegaban como eco a nuestra comarca. Pero el surgimiento de pandillas en el
seno de las Universidades del País nada tenía que ver con lo expuesto. La
Universidad de Guayaquil tuvo sus propios pistoleros: “los Atalas”, a imagen y
semejanza de cualquier banda de delincuentes; luego evolucionaron a tales por cuales, como los gobernantes
actuales. La ilusión soñadora de los riosenses, la utopía realizada de un
centro académico propio, se fue transformando sistemáticamente en una
estructura rentista.
Sin embargo, también hubo un relámpago
de brillo y lucidez, con pensadores, escritores y suscitadores de cultura; profesores con vocación y pasión,
de todo el País, pasaron por sus aulas. Duró muy poco tiempo. Luego todo se opacó.
Construir una narrativa lineal de
las crisis institucionales: la cuestión académica, profesores, estudiantes, conocimiento,
ciencia o arte; ni siquiera razones ideológicas, si las hubiera; no es relevante
en esta reflexión; porque estas categorías son efectos del colapso. El desastre
con todas sus consecuencias ha sido: quién administra los recursos económicos.
Sin arriesgar nadie, nada. Gastar es la meta. Pero esto, cualquier transeúnte
lo puede hacer; no invertir, porque para aquello se requieren Planes, Programas
y Proyectos.
En ese marco de referencia, los
colectivos, los actores principales, los que están en la palestra, se fragmentan
en pos del poder. Ello produce una estratificación que no es esperanzadora: los
indiferentes, dejan hacer, dejan pasar –no son liberales- ; los cínicos: si no
piden no dan, pero están dispuestos a recibir -nada se puede hacer-; los
cómplices son los satélites, en lista de espera, que giran en torno a las
estrellas que están en el centro gravitacional del poder y que manejan la llave
maestra. Estos cortan y distribuyen la tarta.
Los grupos que surgieron y pasaron por el
gobierno universitario, permitieron y toleraron el caos, aupando la relajación
de las normas. Lo que buscaban era evitar la presencia crítica, o alguien
cercano con verdadero talento les haga sombra en el ejercicio del poder sin
límites y enturbie sus próximos eventos electorales. Consecuentemente, no se vivía
ni actuaba para el presente: el futuro era el objetivo. El ahora, solo es
importante porque en él se estaba forjando el porvenir. Nunca fueron actores ni
realizadores de hoy, sino del mañana. Hoy, es la consolidación de los pactos,
los favores, los fieles seguidores… Cuando alcanzan lo soñado aspiran a nuevas
cumbres borrascosas. Y así hasta el infinito; razón suprema para dejar de hacer,
en su momento, lo debido: construir una verdadera Universidad. Así mismo,
siempre estará latente la conspiración de los que se quedaron varados en la
orilla.
En una familia no todos son
brillantes; tampoco todos son idiotas. Las frecuentes y densas relaciones de
parentesco que habitan en la Universidad, son una dolorosa rémora que pervierte
la misión y la visión de la Institución. Si en los grupos familiares existe un
destacado miembro que presta sus servicios y apoya el desarrollo; el resto no lo será. Serán simples ganapanes. Existió
un funcionario con mucha vocación para las prácticas del comercio y el desmonte
que permaneció largos periodos -décadas- administrativos alternando diferentes
cargos; su frondoso árbol genealógico sembrado en las praderas de la
Universidad, lo convertía en una importante cuota de votos electorales con los
que negociaba sus aspiraciones. Hasta que un día se hostigó y se marchó; ningún
rastro dejó. La Universidad ha sido administrada y ha vegetado con ese modelo
surgido en el cuarto de atrás, hasta el día de hoy.
Cuando el actual gobierno hace
saltar las alarmas, golpeó la conciencia de la nación; todos despertamos del encanto de Universidades
que el sistema había montado. La recuperación de la función y servicio público
entró en proceso de rescate, con dificultades, tropiezos, errores, pero la
decisión estaba tomada. No más engaños ni falsías. Las Universidades cambian o
desparecen. Muchas de ellas no han tenido, hasta hoy, capacidad de reacción,
peor conductas proactivas o
propositivas. Más bien intentaron presentar frentes de lucha,
cuestionamientos con zonzos sesgos
políticos. Pero ante lo inevitable y con la espada sobre las cabezas, se han
sometido a las evaluaciones que marcarán su destino final. La calificación D obtenida en la evaluación anterior,
es el inicio del viacrucis que debe seguir camino al Gólgota. En todo Calvario,
hay verdugos.
La pregunta que cabe en estas circunstancias
es cuánto ha retrocedido la Universidad de Babahoyo. El modelo de gestión es
igual hace veinte años atrás. Estancarse, es retroceder. Retroceder, es
desaparecer. El riachuelo que no tributa en las cuencas formando los grandes
ríos que llegan al mar, sus aguas se evaporan y terminan filtrándose al
subsuelo: queda el lecho vacío. La vida en el entorno muere.
Paradojas de las aguas
caprichosas. No se concibe un funcionamiento de un Campus, que periódicamente
queda sumergida bajo el agua. La ciudad superó ese trauma invernal, de parecer
Venecia sin sus encantos, paralizando las actividades y sufragando cuantiosas
pérdidas económicas. Las soluciones que se dan son irracionales hasta el
delirio. Levantar el nivel del piso de algunos espacios, oficinas
especialmente, mientras la solución técnica y definitiva no se da ¿Si el Campus
se inundó, cuánto ha favorecido elevar el piso, si todo el espacio es
inaccesible? Este fenómeno es consustancial al sistema sanitario: agua potable
que no hay; y aguas negras que
contaminan la zona con infiltraciones de los Pozos Sépticos. Este cuadro
sanitario grafica la opacidad de la gestión y el estancamiento del desarrollo
de la Institución.
La infraestructura edilicia es
anti funcional y deficitaria. No se ha construido un metro cuadrado nuevo en
edificaciones. En cambio, ha existido un festín de espacios reciclados.
Práctica útil en última instancia, pero
lleva la impronta de la improvisación
con todas sus consecuencias.
La Universidad ha pagado con
creces una gestión administrativa sin brújula y patrones caducos. Una gestión
rígidamente centralizada, improvisación permanente, diseño de Planes
Estratégicos de compromiso; falta de transparencia especialmente económica y
financiera; falta de autonomía en las direcciones medias; ausencia absoluta de
Planificación Física; sueños rotos de Palacios de Cristal; y un largo rosario
de caos organizado. Alguna vez intercambiamos con un Decano la falta de los
principales pilares sobre los que debería
asentarse una arquitectura de gestión moderna, eficiente y transparente.
Primero, una Oficina jurídica Técnica, con personal calificado, que interprete,
cumpla y haga cumplir las leyes y reglamentos, y defienda los intereses Institucionales.
La Comisaria montada al vuelo y luego perennizada, ha traído innumerables problemas
legales a la Universidad; una solvente Sindicatura habría evitado largas, frecuentes y bochornosas procesiones por la
calle de la Catedral en procura de la Justicia.
Segundo, el trazado de Planes económicos y financieros de
corto, mediano y largo plazo, solo lo puede realizar un Departamento Financiero
Técnico, bajo la dirección de un experto en el área económica y financiera; la
carencia de una política financiera y una programación de gastos e inversiones,
es imposible un desarrollo sostenido. Lo que existe actualmente son unas bien
despachadas oficinas de Contabilidad; donde lo más importante es el Debe y el
Haber. Nunca antes, se ha dispuesto de holgadas y puntuales partidas
presupuestarias gubernamentales.
El tercer pilar de la
construcción administrativa que exigen los gurús gerenciales, es el Talento
Humano, la gente siempre ha existido, pero ahora la especialidad del trabajo lo
selecciona con escrúpulos. El Gobierno central marca la pauta de ese requisito
para emprender en el camino hacia adelante. Claro, es indispensable saber
cuántos son, donde están, quienes son, para que sirven, que saben etc. etc. El
Presidente de la Asociación de Profesores en magna asamblea expresó, que en las
oficinas de Personal, no existía archivo alguno; y que él había realizado ese
trabajo: levantar una base de datos de los Profesores.
Finalmente, para terminar de
construir el edificio que será el epicentro de la gestión administrativa
rectora, dinámica y moderna de la Institución, es indispensable que la cuarta
columna sea el bagaje, el acervo y la honestidad de sus actores.
CONCLUSIONES
La justicia es la posibilidad de
construir el bien y la capacidad de reconocerlo. Entonces, la Justicia es un
valor y una Institución tutelar a la que se debe recurrir para hacer valer los
derechos y reconocer los deberes. Pero esta dama de ojos vendados, balanza en
mano y espada refulgente, puede ser manoseada y pervertido su fin. En el Ecuador
contemporáneo, apareció un personaje que ejerció el poder de Presidente de la
República; cuando lo abandonó, se apoderó de otro poder: la Justicia; y con
ella tejió una urdimbre de poderes que le sirvieron para perseguir a sus
enemigos como “perro con hambre”. El ejercicio y práctica de la política la
judicializó. Hoy, se puede afirmar, sin dudar un instante, que su vida pública
tuvo un triste final, y causó un enorme daño a la Nación. Algunos beneficiarios,
solamente, recordaran su memoria. Nadie más. En la gestión administrativa de la
Universidad se practicó con meticulosas prolijidad ese guión: la
judicialización. No se explica de otra manera que una Academia tenga en sus
páginas 78 misceláneas causas de acciones/delito (www.fucionjudicial-losrios.gob.ec/index.php/consulta-causas) en los Tribunales de Justicia de la
República. Algunos dicen que son mas, no hay testimonios. Aquí no cabe un solo
comentario ni argumento adicional. Todo está dicho en este párrafo.
El pensamiento del MEMORIAL es
paradójico con la realidad; y de ahí el
Titulo de esta reflexión. La incertidumbre y el pesimismo es la cuerda que
aprieta las gargantas de los colectivos. Sin embargo no sucede lo mismo con los
que han medrado: después de mí, el diluvio. Como el personaje del frondoso
árbol genealógico.
También otros, en los patios de espera, se
aprestan al reemplazo. Tienen el mismo perfil: tupidas tramas familiares,
visión académica aldeana, refractarios a la cultura y al arte; pero llenos de
entusiasmo.
El desvelamiento de la realidad
no hubiera sido posible sin un Gobierno como el actual, que corrió el telón de falsos escenarios universitarios. La
construcción de un cambio de época para la Universidad, solo está en manos de
los organismos creados para el efecto por el poder público. La Institución es
un enfermo de diagnóstico reservado, sus actores y protagonistas principales,
son fundamentalmente pacientes; y no tratantes, como se empeñan en aparecer.
vichevargas.blogspot.com
20 marzo 2013
LAS CLASES, EL AMOR Y LA LUCHA
Arq. Vicente Vargas Ludeña 20-03-2013
El
fenómeno político que ocurre en buena
parte de América Latina, en cuya dinámica subyacen inexorables leyes de la dialéctica en la eterna lucha de las
clases sociales, que algunos líderes, por razones poco comprensibles las ignoran,
y tampoco las agudizan; y más bien, en un coctel místico-religioso cargado de
sentimientos y emociones, buscan construir un sistema político-económico
socialista del siglo XXI.
Negar la
lucha de clases en la estructura de la sociedad actual, equivale a negar la
supervivencia de las especies más aptas
y versátiles en determinados ecosistemas. Las clases sociales y sus
antagonismos existen independientemente de cualquier voluntad. Las clases
sociales no son las fichas sobre el tablero del ajedrez, que después del juego,
el Rey, la Reina y los peones vuelven a la caja. No debe confundirse la
violencia de la turba que pueda provocar una protesta o reclamo, como los
muchos que existen ahora en Europa, y en España con frecuencia y ahínco. ¡Qué
aquello lleva implícito los genes de esa
contradicción: la lucha! No cabe duda alguna. Pero la lucha que la dialéctica
descubre como ley, es aquella en la que los individuos ocupan en el juego de
las fuerzas productivas y la apropiación de esa riqueza generada; para de
inmediato pasar a saber quién y cómo
administrarla. El magnate estadounidense del dinero Warren Buffet, con sincera
sorna, dice: “La lucha de clases sigue existiendo pero la mía va ganando”.
Ignorarla, ocultarla o peor desconocerla es pretender hacer la revolución con vino
y hostias en el altar de la misa.
La expresión
más alta y evidente de esa lucha, es el poder. En principio cualquier poder.
Pero el más arrasador es el poder político y económico. El Leviatán de T.
Hobbes; la acción humana motivada por el deseo irrefrenable de dominación
permanente, sin delegación; solo suspendida por la muerte. Pero el problema
surge, porque para lograrlo es preciso enfrentarse a los demás: “Bellum ómnium
contra omnes (guerra de todos contra todos); y la frase hecha “Homo homini
lupus est” (El hombre es el lobo del hombre); dibujan el eterno dilema de la confrontación
de los estratos sociales, solo cuando adquieren conciencia de clase. La
categoría de conciencia de clase es compleja y múltiple. Pero es ella, la
conciencia, la que construye la panoplia para la lucha: ideología, acervo,
solidaridad, desprendimiento, coraje, heroísmo; y también amor.
En el arco
iris de cambios, de mayoría coyunturales, que algunos gobiernos progresistas,
también llamados socialistas el siglo XXI, están impulsando en América Latina;
unos tímidamente, otros más radicales,
escamotean el discurso y la práctica de la lucha de clases; porque no creen en
ello, o porque no es preciso en el contexto del nuevo modelo, a pesar que sus
acciones aritméticamente están orientadas a sectores desvalidos. La percepción
que existe en los Países del ALBA, es que Bolivia dadas sus particulares
contradicciones, la lucha de clases se da palmo a palmo, estrato a estrato. La
inmensa masa indígena presenta batalla en todos los planos a la pequeña, pero
poderosa aristocracia heredera de siglos de las riquezas y del poder político.
A pesar del arraigo de su sincretismo, el futuro lo acarician con más anhelo
que otros pueblos de la región. El mismo Evo, es la encarnación de esa
conciencia de clase en la lucha por revertir la historia.
En la práctica
política revolucionaria no existen adversarios. Existen enemigos de clase. Adversarios,
son los candidatos vecinos en las campañas electorales, cuyas plataformas y
discursos son los mismos, pero con diferentes y cimbreantes cachiporreras. Nada más. La lucha de clase
esta signada por el peligro interno y externo, cuyos grupos facciosos obedecen
consignas de la anti patria. No se puede hacer transformaciones estructurales,
revoluciones, ofreciendo rosas y miel con amor, café para todos, o piadosos rosarios
de buenos sentimientos. Hugo Chávez, en Venezuela, prodigó todo lo anterior,
pero también armó a grupos milicianos civiles, atentos para dar una repuesta militar cuando la ultra
derecha amenace, independiente del vuelco que dio a las fuerzas armadas hacia
un proyecto socialista. El antagonismo de clase lleva implícito el germen de la
violencia, de la guerra civil; en fin de la revolución. Las fuerzas coaligadas
del capitalismo fascista tienen francotiradores de todo calibre, de todo
pelambre a tiempo completo para sacar del escenario a Correa, Morales, Maduro y
todo aquel que se empeñe en cambiar el destino del imperio.
El brebaje religión
y política no ha sido, tampoco será la panacea para aliviar las tensiones que
provoca la lucha. Es más, algunas sectas son aberraciones y asaltos a la razón;
hordas con la biblia en la mano usándolo como mazo al cerebro. Acaba de
demostrarlo un adocenado bíblico fungiendo de candidato a la presidencia en el
Ecuador. La religión católica goza de los mismos traumas irracionales por sus
cuatro costados, incluido el celestial. El espectáculo del nuevo Papa en el
Vaticano, es marketing, inútil para los creyentes, pero valioso y necesario para
el sistema neoliberal.
21 febrero 2013
LA TAREA DEL LÍDER
Arq. Vicente Vargas Ludeña 21-2-2013
El desarrollo del conocimiento y
la producción de ciertos artilugios tecnológicos, especialmente, nos deslumbran
tanto que llegan a enceguecer la realidad que nos rodea. Periódicamente los
pensadores en los centros de poder clasifican las épocas dependiendo de sus
intrínsecos e inmediatos objetivos: milenios, eras, olas, épocas etc. La
realidad como latinoamericanos y ecuatorianos que conocemos, hemos vivido y de
ahí provenimos son: la pre-colonia, la colonia, la influencia de la modernidad
mezclada con rasgos feudales venida desde afuera, y la época actual que nadie
apunta como definirla, salvo el sambenito universalmente aceptado de
posmodernidad, con toda la carga ideológica y su respectiva impronta del
capital financiero, como protagonista en la aldea global. En este intrincado
panorama de las épocas y lo modelos, nos desenvolvemos no solo teóricamente
sino también en la praxis; especialmente con las experiencias políticas
electorales que acabamos de vivir en Ecuador electoralmente, el 17 de febrero
del año en curso; y que nos ubican en diferentes disyuntivas nunca antes
vividas.
Evidentemente, la complejidad de
los modos y multiplicidad de las
relaciones de producción, nos impiden discernir y constatar fenómenos
históricos que han sido, y son aún
comunes en la vida de los pueblos y la existencia de los seres. Es necesario partir
de lo simple y de lo uno: la lógica, la ética y la estética, son las
herramientas primigenias y vertebrales en la vida del ser. Estas, han servido
para crear el homo habilis, el homo sapiens y el zoon politikon. De este animal
político es que deseamos descifrar sus tareas, en el cual están implícitas las
categorías arriba mencionadas, además, son una prueba de vida en la
organización de una sociedad más justa y equilibrada y el líder las debe cumplir a cabalidad.
La ratificación unánime que la
multitud ha dado en estas elecciones al Presidente Rafael Correa y a su Proyecto político a través
de la masiva selección de Asambleístas de su propio movimiento, es un fenómeno
de particulares características históricas. Y es fenomenal el acontecimiento,
porque se ratificó lo que tenía un pálido resplandor: ahora, se consagra la figura
y presencia del líder con todo el peso de su carga semántica. Correa ha dado un
paso trascendental, de Presidente se ha convertido en conductor de un pueblo.
Nuestra historia política ha tenido
decenas de Presidentes; conductores escasos. Su mérito de líder, comienza
torciéndole el brazo perverso al oprobioso pasado que las elites habían montado en el País; y con firmeza
ofreció otro camino por donde transitar. En el desamparo, descomposición moral,
pesimismo y un incierto final que le esperaba a la Nación, cualquier camino que
no sea la inequidad el pueblo valoraría. Por esta razón es preciso señalar la
consagración y tarea del líder y su liderazgo en el ejercicio del poder.
En América Latina los pueblos
están agotando su paciencia frente a tanto desamparo, extorsión y sometimiento de
las economías hegemónicas, y parasitados por las oligarquías locales de cada nación.
Con partos dolorosos y gestados en
grandes y a veces cruentas epopeyas, las
multitudes han tanteado al conductor que la guíe e interprete su penar; muchos
resultaron felones. Así mismo de sus entrañas están saliendo los líderes que
llegan puntuales a destruir el pasado ignominioso. Venezuela, Bolivia,
Argentina y por supuesto Ecuador, son algunos ejemplos vividos. Esto no es
panegírico de nada; es solo una crónica objetiva de lo que estamos viviendo; aunque
corifeos criollos e imperiales denuesten
rabiosamente de estos pueblos por trazar sus propios horizontes, y vaticinen el
Armagedón a sus vidas. El pueblo se equivocó en las elecciones, salió a decir
un político de derecha.
Rafael Correa, interpretó la
historia con las herramientas que adquirió y pertenecían a su vida: su
extracción de clase, su talento, la academia,
la cualidad de líder y la voluntad de poder. Con esas armas inició el
tortuoso y largo camino de transformar la abyecta realidad. Lo está logrando,
así lo reconocen desde todas la puntas de la rosa de los vientos, también los
más cavernarios retrógrados, aunque lo hacen en silencio y con miseria.
La victoria electoral, jamás debe
ser vista como una reconfiguración política del Ecuador; aquello puede ser
efímero; hemos vivido esas experiencias
con Velasco Ibarra, Guevara Moreno, principalmente. Este salto debe ser
cualitativo, una vía al nuevo orden mundial, justo equitativo y pacífico. He
ahí el papel de conductor que a su pueblo lo proyecte, y su onda expansiva
cunda la región y contagie al mundo.
El tamaño de la responsabilidad y
la envergadura del proyecto político no serán ligeros, tampoco fugaces. La
tarea es titánica, permanente y plagada de peligros; por eso, una vida no
basta. El horizonte que se labra, debe involucrar a los que, atrás vienen. Y aquello
se mide en tiempo y espacio: décadas y geografías. No es comprensible, después de
cuatro años, un Correa retirado en cualquier lugar del planeta iniciando su
solaz envejecimiento, o convertido en burócrata internacional. Lo planteo
sin asomo de culto, lo hago desde la
trinchera que nos toca combatir al enemigo. Sus justificaciones podrían ser
humanas, pero la tarea es sobrehumana. La alternabilidad que la gran burguesía
reclama y el imperio predica es una elaborada trampa para evitar cualquier
cambio en el modelo. ¿Cuál es la diferencia entre Febres Cordero y Rodrigo
Borja; Mahuad y Noboa; para comparar dos lumpen: Bucaram y Alarcón; Obama y
Bush; Zapatero y Rajoy; Sarkozy y Hollande Etc. Etc.…? Otro argumento
deleznable de los mismos sectores es la eternidad en el poder del verdadero
líder, que se convierte en autócrata, tirano y otras aberraciones; el mismo
argumento podría ser válido para las monarquías en la cuna de la civilización
occidental, Europa. No solo que, aquellos
mueren en el poder sino que traspasan el trono, para que sus
descendientes también mueran en ese sillón. Aquí hablamos del conductor, no del liderazgo del marketing
del consumo y las finanzas que nos ha vendido el neoliberalismo, asignándole
categorías epistemológicas; es el conductor de la multitud que eligió liderar
para siempre. Para ese liderazgo no hay plazos, treguas, descanso, rutina
familiar -estoy recordando la pléyade de conductores que la humanidad y también
la mestiza América Latina ha tenido-.
La tarea del líder es paralela a
la tarea del héroe. Ambas son históricas. El héroe siempre rinde homenaje a la
sociedad y a la Patria con su muerte; pero su vida está marcada por el
ejercicio pleno de su libertad, es un aristócrata del mundo. Al héroe los
pueblos lo recuerdan, pero sobre todo, infinitamente
lo aman. Al héroe –dice Bakunin- se lo debe fusilar al día siguiente de la
revolución. Algunos ripostarán con furia los parangones, porque sus almas son de
tamaño granular: insignificantes. Correa no es un héroe, es un líder. Pero es
el ejercicio pleno de su libertad, de trascender eternamente, o volverse
simplemente, un párroco motivador de aldea
de los sueños populares. En consecuencia, debe cambiar su discurso de retirarse
para siempre a sus cuarteles de invierno después de cuatro años.
La patria lo requiere hasta
siempre. Lo realizado y alcanzado en el País, incluida la verde esperanza que vive
el pueblo, sin la presencia del líder, será fácil el retorno de las aves
carroñeras, y los recuerdos serán solo
fuegos fatuos.
28 enero 2013
¡ECUADOR INCIERTO! NO
Arq.
Vicente Vargas Ludeña Guayaquil, 27 de Enero 2013
La democracia que hemos aprendido y que nos obligan a
practicarla, organiza periódicamente elecciones con una papeleta hundida por
una ranura en una urna: de metal, madera, acrílico cartón u otros materiales;
de aquí salen elegidos de una variopinta
extracción social, económica e ideológica. Pero termina ejerciendo el poder la
burguesía, escoltados por los poderes facticos. Si algún intruso, prole o
lumpen, se coló a la cumbre del poder será objeto de la sospecha, escrupuloso y
despiadado hostigamiento, hasta su derrumbe por fuerzas coaligadas: gran
burguesía, fuerzas armadas y la Embajada del imperio.
El hoy que vive
Ecuador, cambió el rumbo de una historia lineal encadenada y condenada
por fuerzas oscuras y lacayas; dejando sin horizonte ni esperanzas a una
sociedad desconcertada y en estado de shock. Mientras la canalla política reía
y festejaba su interminable y macabro carnaval. Con la misma democracia aprendida,
obligada y falaz, estamos a punto de volver al pasado laberintico kafakiano; o
seguir apuntando a nuevos y renovados sucesos para el pueblo ecuatoriano que si
lo merece, esquivando la fatalidad que miserables de toda ralea auguran y
esperan para la Patria. La democracia no es un manual, esta se construye
dialécticamente en el tiempo con la presencia y participación de la multitud, a
los que debe llegar el fruto del trabajo colectivo. Todo lo demás es democracia
de papel, una entelequia.
Es tentador esculcar con pasión o sin ella, pero jamás
indiferente, la vida y pensamiento, si es que en alguno existe, de los
políticos, con mayor derecho cuando aspiran a gobernarnos.
El apellido Bucaram en el drama vivido en Ecuador, en los
recientes treinta años, es una variante de la maldición gitana para nuestra
sociedad. Van tres generaciones, con las recientes caras juveniles que ahora
asoman en la puja electoral. La sociedad tiene muy claras y frescas las
trafasías de esta estirpe, que parece que durará hasta el regreso del
cometa, igual a la interminable
generación del coronel Aureliano Buendía, luego de “Cien años de soledad”. Pero
no hablaremos de Bucaram candidato, sino de sus prolongaciones y creaciones.
En las penitenciarías, donde los reos y convictos expían sus
delitos, las fuerzas de la degradación moral los lleva a la reflexión de sus
propias vidas. Al no encontrar respuestas racionales a su derrumbe social, alguien le sugiere la
última luz que él ha experimentado, y le extiende una Biblia. Basta. Luego se
convierte en predicador y evangelizador “de la palabra”. El refugiado de
Panamá, al fin y al cabo vive encarcelado en su propio Panóptico, pero él no es
capaz de expiar su mundo anti ético
desgarrado en la vida política del Ecuador con “la palabra” que dice
creer, entonces delega a un predicador público para que se convierta en su voz,
y hable de Dios y la salvación de los hombres. Como siempre se burla de todos y
se arrodilla en farsante acto de fe, lanzando a los leones a un evangelista
fundamentalista con la Biblia en ristre
habla de los cielos, el temor al castigo y otros menjurges: sexo, moral,
creencias y demás hierbas opiáceas. Este personaje salido de mágicas escrituras
y antiguos testamentos se llama Nelson Zavala. Su presencia en el debate
político es una aberración, plagada de fantasía divina. Pero sus mundos -Zavala-Bucaram-
casi son paralelos, el tal hermanito también ha tenido un tortuoso pasado; como
el reo y convicto, la Biblia es su refugio y salvación.
Alvarito, diminutivo de Álvaro, no por deferencia sino por
diferencia compasiva: el niño tonto en el grupo de amiguitos. Este adalid de la
riqueza, es otro engendro político de Bucaram. La inmensa fortuna del padre de
Alvarito, fue objeto de su deseo. La incertidumbre de la herencia y el testamento,
Bucaram en el poder sanó todo, a cambio
de sus aportes a la campaña electoral.
No solo le pagó y complació, sino que lo designó Presidente de la Junta
Monetaria. Ahí nace el Alvarito político tonto para todo, menos para contar
dinero. Lo ha dicho públicamente, “en eso nadie me gana”. Pablo Emilio Escobar
Gaviria –El patrón de mal- en el vértigo de su desquiciamiento por el dinero,
llego a la conclusión que para disfrutar y gobernar en su Olimpo, a pesar de
tener todo, algo faltaba. En el tráfago de su mundo nada estaba fuera de su
alcance, sin embargo no logró ni con plomo, ni acuerdos la liberación de una
secuestrada, casi en sus mismos cuarteles, por fuerzas irregulares en la
atormentada Colombia; un Senador del sub mundo de la política –digamos un Lara
en Ecuador-, motivado por Escobar, trianguló unas llamadas telefónicas con
gobiernos del exterior y en tres días, la secuestrada fue liberada y abandonada
en un camino público. ¡Carajo! Eso no lo tengo: poder político. Y la emprende,
nada le arredra, coronó lo que faltaba. Fue Senador de la República. Después
del Papa, el más importante soy yo, decía. Así nace el frenesí por el poder
político de Alvarito. Concluye que llegar a la Presidencia era posible, si se
comparaba con Bucaram y su cohorte, todo un cartel en el gobierno, del cual
Alvarito era testigo y tertuliano. Si Bucaram llegó a la Presidencia; a mí, el
País me pertenece, se imaginó. Casi lo logra. Hoy es un enigma su participación
en la campaña electoral; si no ha comprendido la época que vive el País, al fin
tonto es, alguna alma bondadosa debe habérselo dicho. El misterio algún día lo
sabremos.
Unos cachetes y luenga nariz, adorna la galería de mochileros
aventureros de la política, con la
debidas disculpas de los caminantes y peregrinos del mundo. El coronel de las mil
aventuras es el paradigma del hombre huérfano de la más elemental ética, de
dudosa capacidad intelectual, carente de todo principio, sobre todo la lealtad;
este sujeto la desconoce sideralmente. Es un insigne felón. Su conducta ha sido,
desde que apareció en la plaza pública, la de un agente, un quinta columna sin
escrúpulos de la burguesía y la Embajada de EE: UU., en el seno del pueblo. Coincidentemente,
guardaespaldas militar de Bucaram en la
presidencia. Así mismo como Alvarito, también testificó el maltrato a la
majestad representativa del poder; y el
Palacio de Gobierno convertido en una bahía guayaquileña o un Ipiales
quiteño. Con esos rápidos cursos y edificantes ejemplos, cualquier pedestre
aspira y sueña ocupar ese poder. El coronel tuvo esos sueños, se afanó en
plasmarlos. Lo consiguió, a muchos nos engaño. Estamos hablando del coronel
Lucio Gutiérrez, nuevamente aspirante a
la Presidencia. Tampoco, como otros, ha comprendido que en Ecuador existe,
desde hace seis años, un antes y un después; en el cual sujetos de esta calaña
no tendrán cabida, por muchos que habrán, nunca faltan, ingenuos o pícaros que
lo cortejan en pos de una migaja de poder. El coronel que no tiene quien lo
instruya, además de elemental, es retrogrado. Sus eslóganes lo confirman:
“debemos regresar al pasado -dice- como cuando yo era presidente, había
seguridad y comida”; “desbarataré todo lo que ha hecho este tirano gobierno”.
También su presencia, ahora, en la arena política está llena de dudosos
objetivos, como dudosa es su propia existencia personal. ¡¿Acaso el entero
Ecuador no conoció en carne viva la vergüenza de este atrabiliario traidor y su
majestuosa incapacidad para comprender las alturas del poder en que se había
encaramado y la entrega infinita a los intereses plutocráticos y extranjeros?!
La recalcitrante derecha ecuatoriana, ha probado con
diferentes opciones electorales en los últimos tiempos. Todos le han fallado:
Alvarito es tonto, Gutiérrez no es confiable, Roldós tiene cara y pensamiento
“lelo”, Bucaram y sus sacristanes son lumpen; los demás no califican para una
cena en el Club de la Unión, tampoco para enfrentar y derrotar a Correa. Aprendiendo de la
derecha venezolana se resignaron a saltar al ring, no para ganar la pelea, si,
para no dejar la silla vacía y madurar sus brotes verdes para la próxima
elección. Claro, no son alvaritos,
tampoco gutierritos; ellos saben que algo diferente ocurre en el País en
consecuencia deben renovar sus parafernalias de lucha. El propio candidato,
Guillermo Lasso -baby face-, condesciende con los planes del actual gobierno y
ofrece mantener y mejorar algunos procesos de cambio en pleno desarrollo. La
candidatura de la derecha fue seleccionada en los Clubes del gran cacao burgués
y diseñada por los “think thank” -pensamiento tanque- en las plataformas
neoliberales y ultra conservadores –con el inefable Opus Dei- del extranjero,
cuyo canciller itinerante más conspicuo, es el señor Aznar, ex presidente del
Gobierno de España, muchacho de Bush y Tony Blair. El banquero candidato, no
apto para estos menesteres, lo han moldeado con un diseño minimalista –lo menos
es mas- con un discurso sin sustancia: menos palabras, más imagen de
triunfador, emprendedor, exitoso y platudo; menos persecución, más libertad;
menos Estado, más libre mercado; menos control, más cervecitas los domingos;
menos exámenes, mas ingresan los chicos a las Universidades; menos impuestos,
más inversión pública. Así sucesivamente hasta regresar al pasado social
cristiano o social demócrata, son lo mismo. El fin último es, neoliberalismo
radical, desregulación de los mercados y del sistema financiero, siempre que
sea infinita y total. Es decir reproducir la rapiña bancaria nacional que
vivimos y la mundial que vive Europa y los EE. UU. El tutelaje que ejerció Febres
Cordero –los canallas viven mucho, algún día se mueren”, decía el poeta Mario
Benedetti- dejó en la orfandad con su partida al más allá, a su rebaño burgués y desmanteladas las
instituciones del Estado. Sus prohijados no han podido dar el golpe de estado
efectivo que les devuelva sus plenas canonjías –no dejarán de intentarlo- y
tampoco ven ceca su retorno al poder. Entonces, el banquero es la esperanza de
un luminoso mañana para esta peste política. El candidato banquero es un
residuo de esa pandilla de truhanes que asoló el hogar de miles de familias en
el País.
Alberto Acosta es honesto intelectualmente, un académico,
estudioso de la realidad ecuatoriana, pero ingenuo políticamente. El concepto
de democracia lo tiene trastocado. En la Constituyente de Montecristi, trató de
conciliar con el enemigo, permitiéndoles un sistemático sabotaje que puso en
riesgo todo el proyecto político y al éxito de la nueva Constitución. En el
presente realiza procesiones por las ciudades
y los pueblos con grupos políticos huérfanos de talento e imaginación:
el MPD y un grupo de mestizos indianizados; desertores de su propia sombra,
ecologistas, vegetarianos y demás trashumantes de la vida.
Mauricio Rodas es otro
candidato salido de los laboratorios neocon pulido en el exterior. Emulo de
Enrique Peña Nieto elegido recién presidente de México, pituco, peinado lamido
con gomina, pulcro y elegante, discurso tecno y ampuloso. Le falta una novia
salida de las novelas de Televisa, como Peña Nieto para completar el perfil del
diseño norte americano.
Estos muchachos de Ruptura de los 25, renegados del proceso
de cambio que iniciaron con Correa, están terminando de monaguillos de la
derecha escoltados por el General Moncayo, a veces liberal otras conservador,
alguna nihilista, como el coronel de nuestro cuento: de derecha no, tampoco de
izquierda, jamás del centro; también perdido en la desmemoria de su formación
militar, allá en el Comando Sur, base de los EE. UU.
Para los grupos políticos que fueron desalojados del poder
por la multitud en este sexenio, el Ecuador está amenazado de muerte. La
incertidumbre es un fantasma que nos devora; en consecuencia terminaremos
tragados por los agujeros negros que solo ellos alcanzan a ver en el galáctico
horizonte del mercado mundial, o masacrados por la violencia criminal, elevada
por sus oscuros designios, al bíblico apocalipsis, casi somos Sodoma y Gomorra
merecedores de una lluvia de fuego, por tercos e ingenuos que nos dejamos
conducir al patíbulo por un tirano autócrata.
Jamás el Ecuador de hoy, está tan cierto y seguro en el
futuro que construye. La modernidad y desarrollo que el mundo ha estado
forjando, pasó siempre bañando nuestras playas, no ancló sus amarras peor
desembarcó. La construcción de una Patria verdadera ha sido el inicio. Una
Nación que la respeten sus propios habitantes y los que la subyugaron siempre.
A los que nos tocado vivir a caballo
entre el oprobio de ayer de un Estado proxeneta y canalla, casi fallido; a la
dignidad e identidad del presente; se requiere critica y autocritica para una
cabal comprensión de la importancia de la soberanía, sobre todo lo material e
inmaterial que poseemos. Esto va dirigido especialmente a una clase media
peregrina que no atina a percibir lo que sucede a su alrededor. Hoy disfrutan
de mejores perspectivas, pero parce que desean más, sin saber cómo obtenerlo;
su mundo de conocimientos e información de la propia realidad lo reducen al noticiero de televisivo de la
noche, o al periódico de la mañana. De esas fuentes abrevan y construyen sus
vidas. Desconocen la riqueza polisémica de todos significados y significantes
de lo humano y la naturaleza.
Es preciso señalar, también, los precipicios y amenazas por
donde la Patria debe transitar en el camino a la cima. Por ejemplo, la
emigración a las esferas del poder de insignes tránsfugas de la política:
social cristianos, social demócratas, bucaramistas y un misceláneo batallón de
oportunistas. Muchos están haciendo su agosto. Sin pretender justificar nada,
aquellos eran los más numerosos habitantes de ese submundo, por lo menos dos
generaciones fue lo único que conocieron; en su momento fueron necesarios,
deberán ser reemplazados urgentemente por mozas generaciones. En el manejo de
lo público ya se lo está palpando, fresca y sana juventud asume el reto.
En el realismo mágico de los candidatos que se han dibujado aquí, existe un mundo de
sueños y ensueños que venden como pregoneros pócimas milagrosas. Pero en realidad
no hay tales candidatos –hay sombras fantasmales que asustan y avergüenzan-, ni
tal campaña; también eso es surrealismo. Solo hay una realidad tangible: existe
un Gobierno que no está sometido a ningún escrutinio ciudadano; el soberano le
ha otorgado el poder hace seis años, no lo ha cuestionado peor lo derogado. Más
bien la multitud le tiende la mano para compactar fuerzas en la construcción de
lo inconcluso y lo nuevo por hacer.
No existe el Ecuador incierto. Solo hay la certidumbre de un
Presidente que se llama Rafaél Correa Delgado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)