Arq. Vicente Vargas Ludeña
Es el titulo de una magna obra de esa inteligencia desbordante, que
aportó enormemente al pensamiento de la post guerra; allá por la década del
cincuenta: Georg Lukács. Es el estudio profundo de la trayectoria del
irracionalismo político, desde el imperio Austro- húngaro hasta la llegada al
poder del populismo más irracional y destructivo que haya conocido la humanidad:
Adolf Hitler; en la nación que había parido las inteligencias mas preclaras:
Kant, Hegel, Schopenhauer, Beethoven, Marx, Einstein, etc.
He plagiado el titulo para reflexionar sobre un fenómeno que no es Hitler, ni el lugar es Alemania; es el Ecuador y su cerrazónica cohorte de trúhanes producto de la irracionalidad que han heredado; la misma que nos rodea, apabulla y amenaza. Ciento setenta y cinco años, este lugar, llamado Ecuador, se encuentra empeñado en diseñar un proyecto de Estado-nación. Por supuesto que no lo logra, a veces hasta ha peligrado su desintegración y naturalmente su desaparición. Ahora mismo se encuentra al borde del acantilado mortal. Existen varias causas, factores y actores que se han encargado de contribuir al derrumbe; cada circunstancia y cada grupo social hace lo suyo; especialmente la oligarquía y la plutocracia bancaria, son sus dinamiteros principales.
En el país ha echado raíces desde hace cinco décadas, un fenómeno político pernicioso, que no ha aportado absolutamente en el proyecto de construir una nación estable y duradera: el populismo; estructura política gelatinosa que se adapta y mimetiza en cualquier circunstancia y tiempo, impregnada de irracionalidad y fundamentalmente, corrupta y corruptora. La encarnación de ese “asalto a la razón” es: la plutocracia, los noveles narcotraficantes, el remedo militar que exhibe su parafernalia en días festivos; es la DEA, la CIA; y un infinito número de brigadistas, construyendo una Patria para ellos.
La sociedad desde los amaneceres de la humanidad, por su carácter gregario, requiere de alguna forma de organización, cualquiera que esta sea y por supuesto de alguien o algunos que la conduzcan, ya que no todos pueden ordenar, mandar; desde las estructuras más simples, hasta las mas complejas, como la contemporánea.
En el pasado remoto el colectivo tribal seguía, al más hábil cazador,
al más fiero guerrero, al más sabio que podía desentrañar la misteriosa geografía
que los rodeaba o la lluvia que podía venir; y claro, no podía faltar el
charlatán que fungía apoderarse del fuego del rayo y atemorizaba a los demás
que caían cautivos. Pero de las formas elementales del pasado primitivo, hemos
avanzado a intrincadas formas de organización, consecuentemente los candidatos
a la jefatura son mas numerosos, y las luchas por el poder se multiplican y se
vuelven mas exigentes los requerimientos de los aspirantes; ya no basta ser
buen cazador, o bravo guerrero; es necesario ganar todas las guerras; pero
mantener perdurable la paz para crecer y derrotar las servidumbres, es lo
deseable el éxito del mandatario, del líder. Este debe ser, incuestionablemente
un hombre virtuoso, talentoso, sabio, trabajador. En fin, un modelo de
ciudadano, sujeto a ser imitado.
El o los protagonistas de nuestra reflexión: deben ser poseedores de una cantera de virtudes: cognitivas, honestos, leales; académicos, ciudadanos verdaderos, impolutos. No representarán la virtud de las cortes celestiales; pero si, los mantos del hombre íntegro; del ciudadano patriota.
En los últimos ocho años nuestra Patria, Ecuador, se convirtió en un vertedero. Apuestos hombres de levita y mujeres de lucido tul; desfilan por los estrados de los poderes, exhibiendo sus enormes capacidades de sometimiento a otros desvalijados ciudadanos.
La tragedia vivida por el País en manos de cuadrillas de marginados lumpen. Estos últimos cincuenta años; pocos pueblos la han vivido: la estupidez, la postura canalla, las cofradías de rufianes, las Instituciones del Estado, cada una representada por malandros sin límites morales y éticos.
Sin embargo en un breve recuento; no existe, - prestad atención- una obra, una acción, una idea, un pensamiento, una hoja de papel escrita; que merezca trascendencia, perennidad, que se vuelva una guía, que refleje su acervo, que lo identifique y caracterice. Indudablemente que no sea, la demagogia, la teatralidad y su huachafería, leitmotiv de su existencia.
Igualmente, jamás ha podido demostrar, lo que todo mortal está
condenado ha hacer: trabajar para sustentar la materialidad inexorable de la
vida; a diferencia de otro engendro populista, que dice trabajar todos los días
para ensanchar sus dominios, incrementar su inmensa riqueza y pensar en los
pobres; pero éste resulta imbécil (cojo según Savater) moral y mental. Todo
individuo que arma, con el trabajo honrado por supuesto, el diario vivir de sí
y los suyos, construye a no dudarlo, un escalón satisfactorio muy importante en
la estructuración de su personalidad. Tampoco se puede encontrar en el sujeto
de ésta reflexión, un acervo cultural mínimo, académico, doctrinario, que le
permita sostener una idea coherente, profunda, pedagógica durante cinco
minutos, sin recurrir a los exabruptos, vulgaridades y ramplonerías que son sus
gramáticas. Las acciones gubernamentales, contagio de políticas soberanas en el
contexto internacional, no han sido jamás temas de vecindad e identificaciones
de fines, objetivos y proyectos.
Al gobierno actual del Ecuador, es un dislate llamarlo Presidente. Es a no dudarlo un acto masturbador. La mención de mandatario denigra la representación que ostenta.
La globalización está construyendo al hombre esencialmente inteligente,
al ciudadano del conocimiento, el ser racional más exigente. ¡¿Cómo no exigir
los mismos parámetros para sus dignatarios, hombres virtuosos, pero
fundamentalmente racionales?!
Ignacio Lula da Silva es un paradigma de estadista y líder, en esta atormentada Hispanoamérica. Si consideramos que viene desde los fogoneros del metal, su presencia en cualquier parte del mundo, se acredita el respeto y consideración para sí y su país.
Efectivamente la inestabilidad política del Ecuador, históricamente ha tenido personas públicas, perseguidas y exiliadas, los más connotados de la última mitad del siglo pasado, Velasco Ibarra Assad Bucarán, y Carlos Julio Arosemena, independiente de sus defectos y virtudes, cuando su presencia en el escenario político nacional era molestosa, a sus enemigos, en las madrugadas los embarcaban en un avión y amanecían en Centro América o Buenos Aires. Salían del Ecuador contra su voluntad, no eran fugitivos, no huían, no eran malhechores comunes, la justicia no reclamaba por ellos; por eso retornaban cuando sus serruchadores carpinteros habían terminado sus fechorías. No necesitaban amnistías, amnesias ni clemencias. No es el caso de nuestro personaje en esta reflexión.
En la irracionalidad de su delirio, ha intentado refundirse en Bolívar, Gandhi, Jesucristo etc., para engañar a los incautos, con un discurso providencial, y una misión mesiánica; ahora se lo escucha mencionar a Hugo Chávez, prueba palpable de su carencia doctrinaria y orfandad ideológica, de una inautenticidad política; aunque sí autentico, hábil en la charlatanería y en el pacto de la regalada gana. La democracia lleva implícita una paradoja, a todas luces peligrosa; todos conocemos la educación y pobreza del país, sabemos que son más, los mediocres e ignorantes, en su mayoría irremediablemente pobres, que las prácticas políticas y sus actores están corrompidas e infestados de rufianes. Luego esa mayoría se la engaña con facilidad, cualquier sofista o demagogo, que ofrece guillotinar en la plaza pública a los ricos y oligarcas es mas escuchado que a la persona razonable que señala problemas y también soluciones. Al que no se lo engaña se lo compra, porque ese vulgo no quiere más que dinero, diversiones y venganzas. Todo esto es irracional e inmoral.