Arq. Vicente Vargas Ludeña
25 de Octubre del 2019
Las estaciones del año han servido para señalar históricos momentos que la humanidad contemporánea vive: Primavera Árabe, La Rebelión de los Claveles, Movimiento 15M y otras denominaciones literarias que se convierten en portadas mediáticos. Hoy nuestra Hispano-América vive su correspondiente OTOÑO. El análisis que a continuación se relata se fundamenta en una obra de M. Hardt y A. Negri llamada Multitud, en la que nos ayuda a una interpretación de las luchas sociales, políticas e ideológicas en la posmodernidad.
Los seres humanos no tienen ni el deseo ni la habilidad para vivir en el aislamiento, ya que, de hecho, no pueden cada quien satisfacer sus necesidades materiales y morales fuera de la sociedad y de la cooperación con sus semejantes, inevitablemente ocurre que aquellos que carecen de los medios o de una conciencia lo suficientemente desarrollada para crear una organización libre con otros que comparten sus mismos intereses y sentires, deben someterse a la organización de sus afines, generalmente de clase o de grupo dominante, que busca explotar en ventaja propia el trabajo del resto. La ancestral expresión de las masas por un pequeño y privilegiado número, ha sido siempre la consecuencia de la mayoría de la gente para llegar a un acuerdo entre si y crear organizaciones con otras personas (trabajadores siempre) para la producción y goce y, ante la eventualidad, para la defensa en contra de sus opresores y explotadores. En consecuencia la historia de la humanidad está construida sobre la base de los grupos que se han organizado para sobrevivir ante la adversa naturaleza o para romper cadenas y atavismos; y, solo ahí empujar otros destinos.
La mejor y más cabal forma de organización, es la expresión política, porque requiere de principios, de una cosmovisión de la vida y el mundo. Los cambios, avances, transformaciones y revoluciones han requerido el contingente orgánico de los actores que mueven el carro de la historia. Ni siquiera un resumen sintético de esas trayectorias, no ilustraría satisfactoriamente, aquí, esa plétora de lo que la humanidad ha sido y es capaz; además nos distraería de nuestro objetivo. El individualismo egoísta, displicente que el capitalismo consumista ha creado en la meca de la mercancía, los EE. UU., ha llegado hasta nosotros con todas sus aberraciones. Estas condiciones escarnecen y crean en los individuos indiferencia y aislamiento frente a los problemas que atañen a la sociedad; además niega toda forma de introyección de esas circunstancias en la conciencia personal. Mientras más dispersas las singularidades, –llamase a estas, las unidades que componen la sociedad- mejor oportunidad para las élites para la explotación y dominación. Las víctimas propiciatorias de este complejo y deshumanizado sistema que existe, y que no lo podemos eludir, son los jóvenes. Si a eso le añadimos, la calidad deficiente de la educación en general, tenemos ya un cóctel de consecuencias letales para la sociedad.
En la década de los años 60 – 70, existía en la atmósfera social, especialmente en Europa y EE.UU., el pesimismo, la angustia y hasta el absurdo existencial que había dejado la segunda guerra mundial; a su vez, el capitalismo llenaba esos vacíos con el confort y el consumo, diferenciándose de los países del sur, donde estos, llenaban la inseguridad de sus propias vidas y el pan diario de la mesa, con diferentes formas de lucha a través de organizaciones que pagaban caro sus reivindicaciones. En el seno del capitalismo, de todas maneras surgieron estructuras anti sistema, aunque tenían una elevada dosis de diletancia espiritual, lúdica y sensual, eran sin embargo, expresión inconforme de esos grupos, fundamentalmente jóvenes. Nos estamos refiriendo al movimiento hippy. Podría llamarse el anarquismo posmoderno, de todas maneras su grito de guerra, era la paz y la libertad. En este mismo hilo conductor, las nuevas tecnologías crean para la juventud instrumentos poderosos de comunicación y vinculación, que están haciendo temblar a los sistemas y a los Estados caducos. Latinoamérica y Europa –especialmente Francia y España-, son paradigmas en estos momentos. Hablaremos más adelante de este fenómeno.
Pero retrotrayéndonos en el tiempo, hablemos de nuestra patria. En las décadas del siglo pasado, antes mencionadas, existieron dos actores principales que enfrentaban al Estado excluyente, injusto y oligárquico: los sindicatos y los estudiantes organizados. El sindicalismo, aunque agónico ya para ese entonces, heredó las estructuras orgánicas que el partido comunista había creado desde los años veinte: jerarquizadas, celulares, disciplinadas y combativas. La burocracia se sindicalizó, y los sindicatos se burocratizaron, lo cual enfermó de muerte a esas estructuras. La vieja forma de organización sindical, nacida en el siglo XIX y con el fin primordial de negociar los salarios de un determinado sector, ha dejado de ser suficiente. En primer lugar y tal como hemos expuesto, los sindicatos no pueden representar a los desempleados, a los pobres, ni siquiera a los trabajadores móviles, flexibles y provistos de contratos temporales, autores del trabajo inmaterial, etc.; pese a que todos ellos participan en la producción social y aumentan la riqueza. En segundo lugar los sindicatos clásicos están divididos por línea de actividad y por productos que se definieron en la época pletórica de la producción industrial: un sindicato de mineros, un sindicato de aseo de calles, un sindicato de ferrocarrileros, y así sucesivamente. Hoy, en la medida que las condiciones y las relaciones de trabajo se hacen comunes, esas divisiones tradicionales ya no tienen sentido (ni aunque tratáramos de actualizarlas), no sirven sino de obstáculo. Por último, esos sindicatos antiguos se han convertido en organizaciones puramente económicas y clubes sociales; la motivación política de la lucha ya no existe. En los países capitalistas dominantes se les concedió un estatuto legal y constitucional a cambio que se dedicaran exclusivamente a sus reivindicaciones del puesto de trabajo y a la negociación salarial, y renunciaran a confrontaciones sociales o políticas. En la globalización el trabajo, cada vez, es más inmaterial, eso no significa que no se produzcan papas -de comer tenemos que hacerlo diariamente- lo particular de las formas de producción contemporáneas es que, el toyotismo, tiende a robotizar todos los procesos, es decir hay un cambio biopolítico, independiente de nuestra voluntad y conciencia. Mientras que los sindicatos tradicionales defienden los intereses económicos de una categoría limitada de trabajadores, lo que necesitamos es crear organizaciones laborales capaces de representar toda la red de singularidades que producen en común la riqueza social.
Lo expuesto del sindicalismo, es válido para las organizaciones estudiantiles y de jóvenes. La FEUE, fue la estructura estudiantil más respetada, inteligente y luchadora que haya existido. Los gobiernos –Velasco Ibarra, era uno de ellos- le temían y la odiaban. El sistema –dígase la burguesía- la corrompió y la castró. Hoy es un remedo, una caricatura. También, como el sindicalismo, las élites prostituyeron al movimiento y sus organizaciones con el apoyo entusiasta del infantilismo izquierdista. Del Movimiento y las organizaciones indígenas, es necesario hacer un análisis desapasionado en el contexto de la dialéctica ontológica, étnica, antropológica, productiva, política, y por qué no, hasta en las utopías. Alguna vez se pensó, yo también así lo creí, que los únicos grupos sociales del Ecuador, que tenían un arraigado sentimiento y propósito de Nación, eran los indígenas. Las élites, como su riqueza, no tienen ni Dios ni patria: son cosmopolitas de Miami, sin abandonar el poder; la clase media no entra en estas disquisiciones de ámbitos geográficos, ni ancestros culturales, su afán es sobrevivir en su destierro existencial, carente de identidad. Sin embargo, la realidad es muy diferente; las organizaciones indígenas actuales están demostrando, por lo menos sus cuadros dirigentes, que padecen la misma peste de poder, como la de sus contradictores y opresores que dicen combatir: los mestizos. A la luz de sus imágenes, no son, sino mestizos idianizados, en busca de las mieles del poder que algunos ya la han saboreado.
El seguimiento diario del movimiento de protestas en diferentes regiones del planeta, nos informa de un fenómeno que algunos teóricos neomarxistas ya lo venían analizando en el contexto de la posmodernidad. Los protagonistas principales de las protestas reprimidas con sangre en Latinoamérica con sabores agridulces, son la juventud como vanguardia y singularidad y la comunalidad como la diversidad, todo a uno, condensada en la MULTITUD. La composición de los que se concentraron en plazas y calles, con una expresión global de rebelión, está constituida por una multiplicidad irreductible de diferencias sociales singulares, que constituyen la MULTITUD. Esta no debe hallar su expresión en la uniformidad como la unidad, la identidad o la diferencia; son todos los núcleos que conforman esa nación: obreros, agricultores, profesionales, comerciantes, estudiantes, mujeres especialmente –rompiendo atavismos culturales segregacionistas- minorías: étnicas, sexuales y otras; estos componen la multitud, plural y múltiple. Las masas, la turba, la chusma, la gleba, el pueblo informe, no componen la multitud; a veces su presencia puede tener efectos terriblemente destructivos, no actúan por voluntad propia, son vulnerables a la manipulación. La multitud es un sujeto social internamente diferente y múltiple, cuya constitución y cuya acción no se fundan en la identidad ni en la unidad, sino en lo que hay en común. Sin ser peyorativo con la chusma, no barrerían los escenarios de las protestas después de las bataholas, como lo han hecho protagonistas en espacios públicos de Quito, después de la humillación que recibió el esperpento de Carondelet; se habrían marchado dejando sucias las plazas y calles, plagando de cáscaras, periódicos viejos, y toda clase de mugre; como lo hacen los saqueadores en Guayaquil. Es banal lo que digo, pero grafica mucho la diferencia entre multitud y muchedumbre. Tampoco las luchas son, ni serán siempre con pitos y claveles; más tarde y en otro lugar será la sangre que manche el campo del combate por verdaderas democracias, y esta no se barre con escobas, está en el menú del futuro en los países pobres. A finales del siglo XX los movimientos de protestas y las revueltas se atenían a dos modelos principales. La primera forma de organización y la más tradicional, se basaba en la identidad de la lucha, y su unidad se organizaba bajo un liderazgo central, por ejemplo: el Partido. Podían existir otros ejes de conflicto importantes para quienes participaban en el movimiento, basado en el algún estatuto minoritario, pero debían subordinarse a la unidad de la lucha principal. La historia política de la clase obrera abunda en modelos de este tipo. El segundo modelo dominante, opuesto al primero, se funda en el derecho de cada grupo a expresar su diferencia y a conducir su lucha de manera autónoma. Este otro modelo se desarrolló fundamentalmente en el transcurso de lucha basadas en la raza, en el género y en la sexualidad. Los dos modelos dominantes plantean una lección clara: o lucha unitaria supeditada a la identidad central o luchas diversas que afirmen nuestras diferencias. El nuevo modelo en la red de la “multitud” desplaza a ambas opciones, o mejor dicho, no es que niegue los antiguos modelos, sino que les infunde nueva vida de forma diferente. En 1999 durante la protesta de Seattle, EE.UU.; luego en Sao Paulo, Brasil; luego se extendió por otros epicentros donde se convocaban los Países más ricos –Club Bilderberg-, lo que más sorprendió y extrañó a los observadores fue que muchos grupos a los que se tenía anteriormente por antagonistas, como era el caso de sindicalistas y ecologistas, grupos religiosos y anarquistas, etc., actuaron juntos sin necesidad de una estructura central y unificadora que subordinase o declarase temporalmente suspendidas sus diferencias. En términos conceptuales, la “multitud” sustituye el par contradictorio identidad/diferencia por el par complementario comunalidad/singularidad. Con la formación de nuestros crecientes hábitos, prácticas, conductas y deseos comunes, en suma, con la movilización y extensión global de lo común, la multitud proporciona, en la práctica, un modelo en el que nuestras expresiones de singularidad no quedan reducidas ni disminuidas en nuestra comunicación y colaboración con otros en la lucha.
Michael Hardt y Antonio Negri, en su obra Multitud, se anticipan teóricamente a los acontecimientos que suceden hoy en el mundo entero, y a otras protestas que se han dado a nivel global, aplicando un sistema inteligente, propio de las especies animales sociales: las abejas, las hormigas o las termitas. Lo denominan “La inteligencia del enjambre”, y acotan, “Desde una perspectiva externa, el ataque en red se describe como un enjambre aunque parezca que no tenga forma. Como la red no tiene un centro que dicte las ordenes, los que solo piensan de acuerdo con los modelos tradicionales creen que no hay organización de ninguna especie y solo ven espontaneidad y anarquía”. Y continúan… “Pero si se contempla el interior de una red, se observa que si hay organización, racionalidad y creatividad. Es la inteligencia del enjambre.” El comportamiento de estas especies es estudiada por entomólogos, biólogos, sociólogos, y ahora por militares y hasta filósofos. Savater, reflexiona sobre la ética del enjambre, las termitas en particular, que entregan su cuota de vida, defendiendo el espacio, con la ética del ciudadano Héctor, defendiendo su querida Troya frente al divino Aquiles. En términos de organización y estrategias militares, no poseen una inteligencia como individuo, la concentración de feromonas dejadas por otros individuos del colectivo construye un sistema inteligente en red sin necesidad de un control central. La inteligencia del enjambre se basa fundamentalmente en la comunicación. Siguiendo con la analogía teórica y el fenómeno de Ecuador, Chile, Argentina, Honduras; lo sucedido en La Primavera Árabe, Los Indignados de Madrid etc… ¿Cuáles fueron las feromonas que vinculaban con precisión y rapidez a esa multitud en un plan bien trazado? Los sistemas inteligentes de comunicación, las redes sociales, las convirtieron en un verdadero enjambre, que superó en millones de unidades a la mass media global y nacional de los Estados en decadencia ¿Quiénes usaron con eficiencia y resultados esos sistemas inteligentes? Fundamentalmente la juventud. Pero la inteligencia del enjambre que se vincula a velocidades de vértigo en la red, debe tener una matriz ideológica, después, que el enemigo sucumbe, es preciso acopiar materiales ontológicos, políticos, económicos, culturales y otros, para constituir un nuevo Estado-nación. La multitud requiere de un proyecto político para empezar a existir. La multitud, tampoco surge espontáneamente como figura política, la carne de la multitud se compone de una serie de condiciones ambientales para que puedan conducir a la liberación o quedar atrapadas en un nuevo régimen de explotación y control; tal como ha sucedido en nuestro País: huyendo de la jauría bucaramista entramos a la jaula de leones bancarios de Mahuad. “El interés común –dicen Hardt y Negri- es un interés general no reducido a la abstracción por el control del Estado, sino recuperado por las singularidades (el cuerpo social) que cooperan en la producción social-biopolítica. Se trata, pues, de un interés común que no queda en manos de una burocracia, sino que es administrado democráticamente por la multitud.”
CONCLUSIONES
A lo largo de la historia y a través de la razón y las pasiones los seres humanos han rechazado la autoridad y el mando atrabiliario, expresando la diferencia irreductible de la singularidad, y han buscado la libertad en incontables revueltas y revoluciones. Esa libertad, desde luego, no es otorgada por naturaleza; se consigue superando constantemente los obstáculos y las limitaciones. Al igual que los seres humanos no vienen al mundo con unas facultades eternas inscritas en su carne, tampoco la historia tiene finalidades últimas ni teleológicas. Podemos afirmar que la facultad de ser libres y la propensión a rechazar la autoridad han pasado a ser los principios más nobles y más saludables, los verdaderos signos de eternidad. La novedad de este debate que propongo, es que existe una multitud ontológica, es decir, el ser social no se concibe sin ella. Hay otra multitud, la histórica; esa, está en construcción, el caso de América Latina lo confirma, nunca antes existieron estructuras singulares compactas en las Plazas. Tampoco eso acredita partida de nacimiento al movimiento orgánico de multitud.
Está en discusión si todavía existen las vanguardias, si estas manifestaciones son la suma de posturas anarquistas, si la multitud pueda derrocar al Imperio y plantear un nuevo orden; en fin las inquietudes son latentes, lo claro, es que, unas nuevas formas de lucha están en camino. La convocatoria de hoy con los jóvenes, cumple ese propósito, rebelarnos contra lo establecido por las élites, apuntalar el proyecto político en marcha, con la bullente sangre joven de nuestra Patria.
En los últimos 40 años, en el Ecuador, no ha existido un Proyecto político, social y económico verdadero, que funde los cimientos de un nuevo Estado soberano, respetado y respetuoso por y hacia sus ciudadanos. Las transformaciones que en el País están en marcha, es preciso radicalizarlas y profundizarlas, para que nunca más vuelva la ignominia; por otro lado hay que defender los procesos de cambio de las constantes amenazas externas y de las élites heridas y ausentes de su poder consuetudinario, que jamás comprendieron que la realidad abyecta de la Patria debía cambiar.
Es la MULTITUD LA VANGUARDIA para dar las interminables batallas que están por venir. Con su participación se agudizarán y ahondarán las contradicciones, los procesos, y defender el futuro en cualquier tiempo y en cualquier espacio; tal como hemos sido testigos en estos días en Ecuador, Chile, Haití, Barcelona, Argentina, París, vendrá Brasil próximamente.