11 junio 2015

APOSTILLAS DE LA INDIFERENCIA AL ODIO


Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                         10-06-2015
El odio que las élites han instalado en el escenario político ecuatoriano en los ocho años del Gobierno del Presidente Rafael Correa, es superior al que se vivió en tiempos que Febres Cordero ejerció la práctica política. Este personaje encarnaba el papel de mayoral, capataz -o como quiera calificarlo- del poder económico. Y asumió el poder total; con acierto se  le otorgó el remoquete de “Dueño del País”. El odio adquirió dimensión patológica, persecutora de cualquier asomo de comunismo o comunista; la pasión personal estaba presente en lo público o privado: su resentimiento con su compadre, el militar Vargas Pazzos, llevó al país al filo del desastre militar y político.
Hoy los mismos grupos oligárquicos, aupados por las Agencias estadounidenses, están reverdeciendo aquellos sentimientos de odio y rencor que son fácilmente contagiados a los sectores medios y bajos de la sociedad.
Para catequizar sus pasiones, la derecha recurre a cualquier medio y cualquier agente: la prensa, la iglesia, la izquierda peregrina, los indo-mestizos, los neocon yanquis…; en consecuencia sus campañas son apabullantes en la crítica o descalificación de todo Proyecto, político, económico o social. Está descontado que el Gobierno permanentemente estará proponiendo reformas y cambios en el proceso de modernización del Estado, que se ha empeñado; consecuentemente, habrán eternas causas y justificaciones para que aparezcan a millares redentores de los pobres. ¡Y qué apóstoles! ¿Por qué será, que a los pobres siempre les salen misioneros que son más pobres? Porque moralmente: son miserables.
Las razones actuales que esgrimen el lumpen político del apocalíptico desastre que nos destruirá: son los Impuestos a la Herencia y a la Plusvalía. El manejo burdo, falaz y clasista que hacen con arrogancia para transfigurarse en el otro y supuestamente defenderlo, es  la simplificación de los pobres: “su terrenito”, “su casita”, “su negocito”, “sus cositas”; todo eso que les ha costado adquirir en largos años de su vida, será mañana “usurpado por el Señor Gobierno”. No mencionan jamás su verdadero mundo de poder patrimonial y económico: las Acciones, las Empresas, la Cuentas bancarias, las offshore aquí y allá, los Fideicomisos, los Holdings, las Mansiones, las Dinastías, los lavados de sus activos y narco dólares etc. Etc. Parangonando con las concentraciones religiosas, a estas las componen solo la masa, la gleba, la chusma, por eso  buscan a “diosito”, a la “virgencita”, al “santito”; jamás se nota la presencia de una distinguida dama, o, de un apuesto caballero. Ellos tienen otras vías directas para comunicarse con dios y llegar a él.
El mensaje cargado de repulsión, aversión provocan disgusto e incertidumbre son los elementos subyacentes del miedo, lo que vuelve al sujeto juguete del perverso y de la perversidad. La salida de este inframundo es el odio.
Las oligarquías cuando pretenden hacer prevalecer sus modelos de Estado, de sociedad, economía; siempre remiten su imaginario a EE. UU., o, a Europa. Pero no especifican porqué, son sus ejemplos. Está claro que jamás los estudiaron, ni los comprendieron; además el Norte imponía sus políticas para conservar sus intereses, y  a estos les gusta someterse. Pero estos burguesitos han tenido antepasados o ellos mismos vivieron, o tienen patrimonios en esas geografías. Por eso, ese apego irrefrenable al esplendor del American way of life. Resulta inexplicable que no conozcan las estrategias y políticas, de como esas naciones llegaron a tal nivel de desarrollo y bienestar. El New Deal (nuevo trato) diseñado en la peor crisis económica y social de los EE. UU., fue el inicio del arranque hacia un nuevo horizonte de progreso de esa nación. Hasta que el neoliberalismo de F. von Hayek y Milton Friedman, se tragaran el Estado de Bienestar; y pasaran a la otra etapa del “sálvese quien pueda”. Lo mismo puede decirse de Suecia, Japón y Europa que viven al borde del cataclismo capitalista.
El merito del Gobierno actual es la cosmovisión del fenómeno global de la sociedad ecuatoriana imbricada en el contexto global. Rescatar el papel del Estado regulador y promotor del bienestar del pueblo. En consecuencia dejar lejos el vergonzoso pasado y acercarnos al primer mundo es una utopía,  de la que Eduardo Galeano nos enseñaba: que sirve para caminar; y que si la merecemos.

La inquina que los políticos lumpen imprimen a todo acto de gestión del gobierno, son una grosera burla a la inteligencia de la gente.

06 junio 2015

DE LA INDIFERENCIA AL ODIO


Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                             Junio, 5 de 2015
América Latina vive un fenómeno espectral de emociones, sentimientos y pasiones colectivas, producto de políticas diversas y divergentes que han surgido en los últimos quince años en algunos Países que se han propuesto el rescate de su independencia, soberanía, y la aplicación de políticas inclusivas. Ecuador, Venezuela, Bolivia y Argentina están en el ojo del huracán; cuyos futuros se juegan en la consolidación de de la multipolaridad de la política y la economía mundial. O, si quiere, en la neutralización de  la hegemonía imperial del Norte.  
La característica fundamental que se esgrime en los sectores tradicionales: plutocracia, oligarquías, y hasta la clase media; además de las influencias y descalificaciones que provienen del Departamento de Estado de los Estados Unidos hacia estos Países, es que, desde el poder de esos Estados y esos gobiernos se promueve una perniciosa, peligrosa confrontación, y radical división social. Fenómeno que según esos sectores y su vocinglería mediática, en el pasado no existía. De otros Estados callan. Es decir que, históricamente las sociedades de estas naciones se vivía en perfecta armonía; los acuerdos y consensos eran cotidianos rituales políticos, económicos, jurídicos e ideológicos. Los colectivos casi eran perfectamente homogéneos. Falso por todos los poros. Casi categorizan como ciencia el evangelio: “somos iguales a los ojos de dios”.
A guisa de vuelo de pájaro, recorramos brevemente México y Colombia como paradigmas de sociedades irreconciliables y en pugna eterna. Ambas naciones tienen gobiernos como el modelo neoliberal exige: radicales, tradicionalmente oligárquicos, privatizadores de lo público; sedes de la narco-industria y tráfico mundial; y todas las formas de organización criminal;   miembros de número de todos los Tratados de Libre Comercio; sometidos incondicionalmente al imperio –este siempre, precautelador de sus supervivencias- sus puertos de llegada es el primer mundo, según sus diseñadores. México ha expulsado e incluidos los que nacieron en  Estados Unidos más de 33 millones, de chingones; Tiene una pobreza del 60% -de 110 millones de habitantes-; carece de todo asomo de soberanía; su estratificación social es histórica, las nuevas narco-elites y el crimen marginal acopian, también, grandes fortunas; otros arman la mochila y se marchan al Norte; y los que sobreviven de las migajas que arrojan las elites rezan y se mortifican frente la “Virgencita de Guadalupe”. Este coctel socio económico, antropológico y político no produce, hasta ahora, ninguna alteración, modificación en el establishment mexicano, El sistema se considera estable, armónico; casi rezan unanimente la consigna mosquetera: “uno para todos y todos para uno”. Farsantes. Pocas sociedades en este hemisferio, tienen una estratificación tan segmentada en una perfecta geometría piramidal: cuya inmensa masa humana desclasada  sostiene en la cúspide una selecta narco-elite, en la que consta una larga lista de personas mil millonarias, entre las que destaca, el más rico del planeta. Y sobre ella –la pirámide- el ojo avizor del imperio.
Existe un interrogante que no ha podido ser contestado ni comprendido por múltiples pensadores, sociólogos, politólogos… ¿Cómo es posible que una Nación tan desigual, inequitativa, corrupta y un Estado fallido, nada suceda?
De Colombia, deberá decirse lo mismo de México. Son Países paradigmáticos, gemelos en su trayectoria desde la mitad del siglo pasado. Nada, absolutamente nada, es diferente en el razonamiento que aquí nos preocupa. La diferencia es geográfica, el uno esta a los “pies” – literal- del imperio; y el otro ligeramente distante, pero igual postrada su soberanía. Tal vez una pequeña diferencia: en Colombia se dan plomo día y noche más de cincuenta años; en México lo hacen en la sombra evitando el control del vigilante del Norte; otra puede ser, es que, Colombia es el principal exportador en occidente de drogas, paramilitares y criminales de toda ralea; es el País que más desplazados de ciudadanos, tiene en el mundo. Es patética y reveladora la obra del colombiano William Ospina: “PA QUE SE ACABE LA VAINA”. La recomiendo, es grata su lectura y didáctica la historia de su Patria. Los tiros que en México y Colombia se dan por mil razones cotidianamente, permiten aflorar emociones, que enfadadas almas las tienen refundidas.
Ecuador transita nuevos senderos no percibidos ni vividos por algunas generaciones pasadas: a.- Recuperación del rol del Estado e inclusión  de lo público. b.- Cosmovisión de la sociedad en el seno de una República. c.- Institucionalización del Estado. d.- Modernización de la gestión y administración del Estado y el Gobierno. e.- Políticas publicas que el neoliberalismo las niega: salud, educación, participación etc.
Sintetizando, nadie niega, ni adentro ni en el extranjero que en Ecuador existe un Proyecto social, económico, político, independiente -en todo lo que pueda entenderse este concepto en la globalización: la interdependencia- hasta aquí ejecutado en ocho años, con alentadoras perspectivas. Nadie con equilibrio mental puede asegurar que vivimos una  luna de miel con el neoliberalismo, como no se puede afirmar, que vamos rumbo al socialismo. Es la modernización tecnocrática con soberanía del Estado. Nada más. Pero eso otorga esperanzas y dignidad a la sociedad; y rechaza el pasado oprobioso que avergonzaba.
La perversa y radical división social del País que el Gobierno del Presidente Correa ha provocado, según sus detractores, es una clara expresión de la lucha de clases que la plutocracia promueven con toda su parafernalia mediática, religiosa e imperial, ante la incertidumbre de una recuperación del poder y la canasta de privilegios que éste les otorgaba. Extrañan las dictaduras militares, los gobiernos mediocres y lacayos, y sobre todo los corruptos, porque con ellos sus vidas eran más sabrosas.
No pretendo hacer apología del Gobierno actual; éste, también arrastra “trazas” y “afrechos” en contenido y forma de los anteriores; sobre todo parte del equipo de gobierno. Pero, hay que reconocer, existe un semblante de sincera transparencia y propósitos de alejarse lo más distante posible del vergonzoso pasado. Al fin, el presente no es producto del Big Bang cósmico, también este requirió miles de millones de años para que nuestros sentidos lo testimonien; entonces hoy, es  apenas  el amanecer con radiante sol de una noche de orgía perpetua económica y  política.
 Pero apareció un fenómeno extraño en la sociedad ecuatoriana, poco instruida, huérfana de educación y cultura política, nacida y crecida en el síndrome colectivo del “¡que chucha!”. Hoy, un sector de la clase media y profesional tiene infectada su alma de emociones, sentimientos y pasiones desbordadas, que se precipitan en sombríos odios. Es comprensible ese oscuro mundo en la gran plutocracia, su postura ideológica no compagina con nada que no sea su visión reaccionaria del mundo, por lo arriba señalado. En Venezuela las élites, no ven otro camino que el asesinato, para saciar sus pasiones de odio y desprecio al gobierno de Hugo Chávez y ahora  al Presidente Maduro. Fijaos, no es que requieren el poder para crear otra Venezuela moderna y equitativa. No, porque sus oligarquías gobernaron doscientos años en una sanguinaria e interminable postración moral. La respuesta es que, los que han llegado al poder no son dignos ni merecedores de tantas majestades: son chusma despreciable. La clase media y profesional que acumulan odio y rencor contra el Presidente Correa, carece de cualquier carácter ideológico-doctrinario o de clase; el poder no está en sus propósitos de vida, el factor determinante es la escasa cultura política; poseen una conciencia esquemática de los modelos políticos y los gobiernos: odiaban a Febres Cordero a Borja; ahora lo hacen con Correa. Son productos mediáticos desechables, grandes devoradores de la prensa, -escrita, radial, televisada y radio bemba- solo con, y en ella,   se forman e informan.
Otros sectores que también apelan al odio y rencor; son los que, en los procesos de reconfiguración del Estado y del Gobierno no salieron beneficiados, y más bien perdieron canonjías o simplemente quedaron fuera; también los hay, aquellos que sobreviven con sus egos maltrechos. Claro, en el juego de intereses personales, es normal, son heridas que no sanan. La repuesta es odiar a alguien, porque alguien debe tener la culpa de mi soledad. Así deben pensar.

En el mundo marginal, determinados dirigentes indígenas, afro descendientes y otros, se han dejado contagiar de las pasiones oligárquicas, y siembran odio en sus comunidades manipulando la verdad, recurriendo a la mentira y a la falsedad.

28 mayo 2015

LA EDAD MEDIA ESTA CERCA


Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                Mayo, 21 de 2015
El derrumbe del Imperio Romano tiene múltiples relatos e infinitas interpretaciones. Existe, solo una: desapareció. El poder imperial no está más, pero la espléndida superestructura del sistema, pervive para siempre. Después de Alejandro Magno que llegó hasta los confines de la tierra, solo Roma lo repitió. Y esa es la clave de los imperios; se vuelven el centro del universo; mega estrellas que primero  irradian con su luz y queman con su fuego a los pueblos que subyugan; luego los atrae gravitacionalmente estrellándolos en sus glorias, en sus fastos, en sus sueños de eternidad. Roma eterna. Terminan devorados por sus propios vasallos. El centro del imperio, Roma, ha sido objetivo militar, político y botín de los pueblos a los que sometió desde Teodorico, en intermitentes campañas de los Ostrogodos, Visigodos, Longobardos, Francos, Moros, Normandos, Germanos, Húngaros y Vikingos. Los chinos y los japoneses lo están haciendo ahora, con el libre mercado. Los depredadores bárbaros, cual buitres devoraban lo poco que quedaba de una civilización que se consumía en su propia inmensidad; la contradicción dialéctica apagaba la luz, el desarrollo, progreso, se eclipsaba y oscurecía la vida de un continente en una prolongada y tortuosa noche. “La religión como la luciérnaga, necesitan la oscuridad para brillar”.
 Había llegado la Edad Media. Mientras pasados Imperios brillantes tenían muchos dioses, con ellos convivían, los permutaban y los refundían en otras divinidades; nunca fueron utilizados como armas de conquista. El Olimpo morada de todos los dioses, se transmutó en cielo, paraíso de un solo Dios. De pronto llegó la sombra del progreso encarnada en una sola divinidad. Y aparecieron otros pueblos con su propio y único  Dios: los cristianos, islámicos y judíos. Con esa entelequia se propusieron crear nuevos imperios, nuevas civilizaciones. La violencia, las guerras religiosas, la evangelización entraba en juego para imponer sus deidades. No ha terminado aún la jornada, todavía existen mundos impíos –su Dios no es verdadero, no conocen, la democracia y un sartal de valores que no tienen, es el argumento de la justicia infinita- a ellos se está llegando con todo el poderío militar para transformarlos.
Oriana Fallaci, escritora italiana ya fallecida, advierte en su obra “La Fuerza de la Razón”, sin disquisiciones teológicas, la desaparición del cristianismo como herencia y valor cultural de occidente. Su temor, es la amenaza principal y tal vez única, el avance del islam en Europa; independiente de otras sectas cada vez más exóticas y audaces, derivadas de los mismos troncos: el Dios verdadero, la salvación eterna y otras monsergas que compiten  en irracionalidades, las religiones. Samuel Huntington también juega con ese leitmotiv, “El Choque de Civilizaciones”, reduciendo el tema de la penetración de culturas periféricas  a  naciones más desarrolladas. Occidente es la Meca invertida, no para orar, sino para sobrevivir. El tema central “Del Choque…” es la religión, concretamente, el Islam. Los demás factores sociológicos tienen poca importancia en su obra. Encubre en esa fachada catedralicia el carácter imperial de los Estados Unidos y con ello justifica la política expansionista,  depredadora, agresiva y hegemónica; especialmente en la región más compleja en sus formas de gobierno; rica en recursos energéticos, y ser a la vez  ruta de la seda, cuya meta es precisamente China.
No propongo un debate teológico, religioso o catequístico; suficientes razones intelectuales tengo para despreciar el deísmo como razón existencial. Es la indignación que provoca la utilización perversa del recurso más irracional: la religión, que  la especie humana manipula, con fines políticos de dominación. Para poner sobre la mesa lo antes expresado leamos lo que dice Arthur Schopenhaeur  (1788-1860): “Si pudiese asegurarse de otro modo la vida eterna al hombre, al punto se enfriaría su ardiente celo por sus dioses, y hasta cedería el sitio a una indiferencia casi absoluta en cuanto se le demostrase de un modo evidente la imposibilidad de una vida futura…Por eso los sistemas materialistas o los sistemas escépticos del todo nunca ejercerán una influencia general o duradera… Verdad es que, si estuviésemos de humor satírico, pudiera añadirse que esa necesidad es modesta, pues se contenta con poca cosa. Fabulas burdas, cuentos insulsos, y a menudo no hace falta nada más. Grábense temprano en el espíritu del hombre, y esas fabulas y leyendas llegan a ser explicaciones suficientes de su existencia y puntales de su moralidad. Pensad en el Corán –lo mismo haced con la Biblia-. Ese libraco ha bastado para fundar una religión que, difundida por el mundo, satisface la necesidad metafísica de millones de hombres desde hace mil doscientos años  -y van más- . Sirve de fundamento moral, les inspira un gran desprecio de la muerte y entusiasmo para guerras sangrientas y vastas conquistas. En este libro -lo mismo en la Biblia- encontramos la más triste y miserable figura del deísmo. Tal vez haya perdido mucho en las traducciones, pero no he podido descubrir en él ni una  sola idea de gran valor, lo cual prueba que la capacidad metafísica no va a la par de la necesidad metafísica.” Efectivamente, es humanamente estúpido fundamentar la existencia de la civilización en pensamientos etéreos, carentes de la más insignificante racionalidad, característica de las religiones y sus dioses que nos acosan.
Desde esa perspectiva en la posmodernidad, las religiones seguirán existiendo en una ambigua nubosidad de deseos de saber el destino del ser humano, y la manipulación como herramienta eficaz de alienación. Cierto, no es la razón única arma para la conquista planetaria que dispone el imperio; tiene  otras: la zanahoria y el garrote.
La trashumancia  es histórica, buscar lugares para el pastoreo; los grupos humanos emigran a espacios donde haya comida y abrigo, también. La emigración es la plaga del siglo XXI para  los países de Norte: Europa y Estados Unidos. Según la Fallaci  el continente europeo está siendo tragado por los musulmanes; le llegan del Este y del Sur. Del Sur arriba la más negra fatalidad y muchedumbre, no pueden mimetizarse. Su procedencia, ancestros y su negra piel crean prejuicios y resistencia racial. El inmigrante musulmán no entra a Europa envuelto en su indumentaria, tampoco se inclina a determinada hora para la oración rutinaria. Todo lo hace cuando se integra a la comunidad filial, donde sus predecesores ya se han adaptado en el nuevo  País. Aquí empieza la lucha por la identidad cultural y la aceptación, la tolerancia al rechazo de los otros, y la puesta en práctica de sus creencias. Las relaciones tensas y hasta guerreras entre los Países de la región árabe, las inequidades  provocadas por las estructuras jerárquicas de poder y economías extractivas, la utilización de esas naciones por el imperio en guerras sin futuro; expulsan a sus habitantes a otros continentes. A su vez se vuelven punta de lanza de la colonización sistemática que aspiran las élites, especialmente árabes. Bumedien sucesor de Ben Bella, tras un golpe de Estado en Argelia sentenció: “Un día millones de hombres abandonarán el hemisferio Sur para irrumpir en el hemisferio Norte, y no lo harán precisamente como amigos. Porque irrumpirán y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dará la victoria” He ahí, el principio del fin. Turquía fue vetada su ingreso a la Unión Europea por su carácter musulmán, a pesar de haber realizado todos los deberes obligados de una nación occidental. Pasó con buenas calificaciones inclusive en escritura y lectura latina. Pero su pasado, presente y su cada vez más radical islamismo le cerró las puertas. Europa no puede permitirse abrir semejante frontera por donde se filtrarían no menos de veinte millones de musulmanes. La tasa de crecimiento de estos grupos en el continente es de 6.4 %, mientras los “cristianos” es, 1.4 %. Indudable, Europa se ha rendido al Islam, a cambio de petróleo, aceptando ciudadanos de medio Oriente como inmigrantes legales, incluso se ha comprometido a incluir en sus centros educativos la divulgación de la cultura musulmana, como necesidad para conocer el paralelismo con el cristianismo. Con ello viene la implantación de toda la parafernalia semejante: Mezquitas, Centros de Estudio del Corán, normas y reglas de conducta musulmana, etc.
 Los chinos se han esparcido por el mundo desde hace siglos, construyen su China Town en cualquier metrópoli; no exigen más que reconocimiento ciudadano; buscan no ser diferentes de los demás; claro, sus ojos, su estatura y su dejo cantor al hablar los señala inmediatamente como otros. Sus dioses, si los reconocen, y sus prácticas espirituales son para sí. No buscan pregonar, como otras creencias que andan en escuadrones visitando y tocando puertas para enseñar lo que ellos creen.  
La emigración de Latino América hacia Estados Unidos, también objeto de análisis de Huntington, no lleva la impronta del Islamismo europeo, conquistar y dominar, sino plagar el País de emigrantes que no aportan más que información para los demógrafos. Al fin, el Norte y el Sur Latinoamericano están plagados por el mismo síndrome: cristianismo, una y mil formas de expresión religiosa semejante. Estados Unidos es un nido donde empollan, antes y ahora, profetas, misioneros, y santones; cada uno organiza escuadrones de secuaces que siguen sus farsas. Menciono algunos: Joseph Smith, Charles Tazo Russel, los Cristian Scientists. Es larga la lista de estúpida contradicción en la Nación de la ciencia y la tecnología. Además, los creadores de aquellas feligresías religiosas son personajes de alto perfil mediático que terminan aborregando a muchedumbres y por supuesto enriqueciéndose sin límites y sometiendo a sus instintos a las ingenuas mujeres creyentes. De tal modo que a la par que producen hamburguesas, crean sectas de potente atracción piadosa y económica; luego salen expediciones a evangelizar el mundo. Pero existe un fenómeno digno de resaltar en esta disquisición. A los negros los esclavizaron con cadenas metálicas; los liberaron atados a la Biblia; finalmente, ellos mismos volvieron a la servidumbre con el Corán. Maldito destino. El 85 % de los negros en EE. UU., profesan el islam y cada día se suman, desde rutilantes estrellas del deporte, la música o el entremetimiento. Malcom X es la figura más señera en la historia que está por contarse. El concepto WAP que defienden los fundamentalistas, tiene sus razones en la interpretación religiosa de la sociedad: Blanco, Anglo y Protestante. Los negros se apoderan del Corán, como identidad racial para desprenderse de sus esclavizadores. ¿Hasta dónde llegarán los negros y otros grupos en ese juego del islam como parias y terroristas que el sistema les ha asignado? Barak Hussein Obama es un cromosoma negro  de rasgos islámicos en la complejidad de la sociedad norteamericana, la cultura, la política y la ideología en la globalización.
El Nuevo Orden Mundial ha diseñado un modelo de sociedad, en la que el Imperio contemporáneo prevalezca en el tiempo y cubra toda la geografía. Pero sus pensadores se equivocan, o si lo intuyen no lo dicen. En el pasado los imperios reinaban dinastías y pervivían centurias. En la posmodernidad son como sus productos industriales de “obsolescencia programada”. Los Estados Unidos no llegarán a la tercera edad como rector imperial, y no podrán perennizar el destino manifiesto que se atribuyen. Las contradicciones internas que han surgido en sus propias entrañas, como dice Z. Bauman, el falso mundo del dinero y los fastos del consumo, han licuefactado los verdaderos cimientos de la civilización productora, creadora, perdurable, de amor, filial y solidaria.

Cuando terminen de llegar las ultimas oleadas de inmigrante del Sur solo con sus bártulos a la espalda y apoyados en un cayado, el esplendor de la civilización occidental y cristiana habrá terminado en las espesas tinieblas de las catacumbas, si antes, la imbecilidad imperial del destino manifiesto no ha conflagrado el planeta con todos los artilugios genocidas que guardan en los silos de la muerte. Porque con el Corán en la mano, o las estampitas de la Virgen de Guadalupe colgadas del pecho, no se construye  un agujero, ni se produce un mendrugo.

02 enero 2014

GUAYAQUIL, PAISAJE Y PARADOJA


Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                  Diciembre 2013 
No son muchas las ciudades que nacieron en un paisaje, y continúan siendo paisaje. Rio de Janeiro, es la primera que viene a mi memoria; también aquellas que cuelgan de las montañas, o incrustadas en el profundo valle conservan eternamente ese encanto. Claro está, son primero y siempre geografía natural, pero en ella se clava otra geografía: la humana. Es compleja la percepción de su forma y tamaño, cuando el mar es su horizonte y el agua es el medio. Guayaquil tiene esa seducción de ser fundamentalmente geografía. El destino de Puerto es una gracia porque es refugio, llegada, y es tentadora porque es múltiple y diversa; el mar la penetra desde el sur, pero esta huye hacia el norte; el Río que sube y baja da cuenta de su historia, le ayuda a oxigenarse y evitar la muerte que locos por el poder de todo tipo la asfixian sin piedad. Parodiando a Zavalita en la novela “Conversación en la Catedral” de Vargas Llosa, cabe la pregunta ¿Cuándo se terminó de joder la ciudad de Guayaquil? Toda crisis tiene su génesis o, es la prolongación o derivación de otras crisis. Sin embargo es una pregunta que no distrae, inquieta o alerta a ningún historiador, académico o político. Guayaquil nunca fue un dechado de orden Institucional, a pesar de su peso especifico en la economía regional y nacional. La vocinglería de falso civismo, guayaquileñismo, madera de guerrero etc. son eslogan y episodios de las élites para remover en la población sus propios sedimentos de incapacidad y poder antitético sin límites. Es la importancia económica de la ciudad lo que permitió a las aristocracias y plutocracias reclamar para sí el destino de la Nación, hasta que salió y un día se marchó para siempre el último dueño del País. Guayaquil ha sido tierra fértil de toda clase de populismos; correcto sería decir la Costa en general. Sus habitantes son de inmediatas respuestas a sus existencias, el mundo se desbarata en sus manos, confían y esperan soluciones de otros; coyunturas propicias de la burguesía para revolcar sus discursos sobre las miserias, la pobreza y proponer soluciones casi milagrosas. Así han formado ejércitos de segundones, corifeos, guardaespaldas y una feligresía a la espera del maná. Asad Bucaram E. figura señera del populismo ramplón y rupestre, que nunca se privó de satisfacer a dios y al diablo, -lo hubo también el ilustrado: Velasco Ibarra fue uno- lideró un Decreto legislativo en la Constituyente de 1966 sobre la soberanía de la Zona de Playa y Bahías que manejaba la Marina de guerra en las ciudades del Litoral, ahora, pasaba bajo la jurisdicción de los Municipios. El principio del fin se aproximaba con estos clarines. Guayaquil en las décadas del 50 y 60 crecía con vocación proletaria y portuaria al oeste y al sur, las burguesías lo hacían al norte. La ciudad explotó dinamitada por este Decreto legislativo. Lo siguieron Machala, Esmeraldas y cualquier pueblo que estuviera bañado por mar o por río. Las invasiones fueron el leitmotiv del discurso político de Bucaram, carecía de cualquier otro, lo fue también de sus sucesores los socialcristianos. Guayaquil se volvió una ciudad lacustre: los principios, las doctrinas y las reivindicaciones se erguieron sobre palafitos de miseria. Se diseñó un manual de invasiones exitosas: en las riberas, en el agua, en los cerros, en la cañadas; no quedaría accidente geográfico que no esté en la mira del político y del comerciante traficante. Este fenómeno mafioso adquirió dimensiones huracanadas; todos los pueblos de la costa vivieron el torbellino de ladrones y asaltantes, alternándose como reos y convictos numerados en la camiseta: con la “6” y la “10”, -no han requerido otra identidad por qué nada son y nada representan- asolando cualquier futuro y esperanza. Eran verdaderos apóstoles del desastre. La compresión lúcida del Gobierno del Presidente Correa, está dando la respuesta que debió haber sido siempre: el desarrollo armónico y sustentable de las ciudades. El auge y caída de la burguesía guayaquileña, las crisis políticas en el hemisferio a raíz de la Revolución cubana, la diversificación de la economía nacional con nuevos ingresos del petróleo, los sucesivos golpes de Estado en el País; organizaron un interminable y variopinto desfile de alcaldes con la lógica inestabilidad Institucional. Pero lo destacable de esta época es la decadencia intelectual, ética y moral de los descendientes de los “gran cacao”, de los banqueros, de los filántropos y de la gran troupe de inútiles y parásitos que asumieron el papel de sus progenies. Las dinastías que algún momento crearon fortunas y acumularon poder político, social y económico sus hijos no pudieron conservar, peor aún multiplicar el poder y la gloria. Se la fumaron, se la birlaron en la “dolce vita” europea y miamera. Alvarito es un paradigma de esta estirpe, pero, como fue tan inmensa su herencia, le está tomando tiempo gastársela, dilapidarla; a pesar que juega a benefactor, a político, a empresario… en fin, tiene un sin número de hobbies. El actual alcalde es contemporáneo de esa camada de cachorros. Este es el porte de aquella generación. Comprobar en los apellidos de los que manejan las Fundaciones municipales, la Junta de Beneficencia y algún otro reducto que aún conservan. Sin embargo, en ese limbo de pobreza moral en el que habían caído los hijos de papá; aparece un líder salvador que los sacará de la anomia en que viven. León Febres Cordero recupera el glamur y el estatus para la oligarquía nacional, y especialmente local; aunque no haya talento, inteligencia, solvencia moral logra aéreas claves de la economía y en ellas se zambullen para depredar. Sabemos cómo terminó el festín bancario. Cabe destacar, aquí también, que un guayaquileño sin pertenecer a las élites económicas ha logrado orillar a la rancia y decadente burguesía y bloquear sus poderes facticos. El Ecuador contemporáneo se somete a un cambio de época, a pesar que Guayaquil sigue suspendido en hilachas de lo que fue la estructura política socialcristiana. La recuperación del poder por la oligarquía, liderada por Febres Cordero le permitió refugiarse en el municipio y desde ahí dimanar el poder al resto del País. La gestión cimera municipal la objetivaron en la llamada “Renovación Urbana” de Guayaquil; para lo cual parten del diseño de dos escenarios teatrales: el Malecón Simón Bolívar y el Malecón de Salado, principalmente, luego algunos ejes viales que reciben un maquillaje de nuevos sobrepisos y luminarias, algunos tramos de veredas las ensanchan, así mismo segmentos de calles las decoran. Existe un chagrillo de espacios escénicos urbanos de acuerdo, según parece, a las emociones y sentimientos estéticos del Burgomaestre. Es importante resaltar el tratamiento que recibe la prolongación del Malecón Simón Bolívar, con la Escalinata al Cerro Santa Ana, el pastiche de la calle Numa Pompilio Llona pasando por lánguidos espacios culturales; a dónde conduce, y era el verdadero propósito de la Renovación Urbana, es cualificar lo que fue espacio público para convertirlo en recinto exclusivo de alta gama: el complejo arquitectónico y urbanístico privado de inconfundible diseño y estilo de vida miamero, llamado Puerto Santa Ana. Si el uso público del Malecón 2000, se sujeta a una serie de restricciones supervigiladas pacatas, lo que está a la vuelta del Cerro será de paso prohibido. El discurso recurrente socialcristiano ha sido y lo sigue siendo, a pesar de magros resultados, que el mercado y la inversión privada justifica todo esfuerzo y sacrificio. Para lo cual el poder público debe volcar toda obra para estimular al empresario promotor. Claro, cuando la cosecha es a vaca muerta el dinero aparece sin preguntar origen. Pero si hacemos un ejercicio breve de urbanismo en el Centro tradicional -aquí no tenemos centro histórico- de Guayaquil y lo delimitamos: al norte la Calle Julián Coronel, al sur la Avenida Olmedo, al este el Malecón Simón Bolívar y al oeste la Av. Quito, si se desea se puede ampliar radialmente esta área, en la superficie limitada se desarrollan todas las actividades administrativas públicas, la matrices bancarias estas implantadas ahí, las grandes firmas comerciales, y existen abundantes hitos y nodos urbanos de alta simbología ciudadana y cultural. Además de una abundante red de comercio grande y pequeño, formal y del otro. En este espacio los gobiernos socialcristianos durante veinte años han apostado a las inexorables leyes del mercado y a la inversión privada que nunca llegó. Axiomas neoliberales falsarios con los que obstinadamente continúan. Cualquier viandante que conoce la ciudad puede comprobar que la renovación no ha provocado absolutamente ninguna inversión particular. No existe obra alguna arquitectónica o urbana que haya modificado el perfil vertical ni el trazado reticular. Por el contrario, el diario El Telégrafo reportó un centro de la ciudad en fuga, en abandono, con actividades económicas de supervivencia, con ejes viales, pasos a desnivel y trazado de la Metrovía que han matado toda forma de vida citadina. Guayaquil tuvo en el pasado un parque industrial importante y diverso, a más de su área portuaria, esto cada vez se reduce, lo que evidencia a toda luces la miopía, incapacidad y principalmente el carácter patrimonialista y rentista de las burguesías locales. El turismo es la carta de navegación que se ha trazado la derecha privatizadora desde el municipio, incluso en el nuevo periodo si ganan las elecciones, apuestan por la misma actividad económica. La visión administrativa de lo público para esta derecha preescolar pero rabiosa, es a imagen y semejanza de las ciudades de los EE. UU., cuyos alcaldes regularmente son multimillonarios, ellos no construyen ciudadanía, gerencian el dinero público en Bolsa y privatizan las necesidades humanas. Los escenarios que construyeron en los malecones ya saturó la demanda turística y novedosa, local y nacional ¿No se les habrá ocurrido que al extranjero lo pueden atraer con esa fachada? Pero en todo juego de azar alguien sale con beneficios y sería saludable conocer los terratenientes urbanos que se ha apoderado del centro que hemos analizado; grosso modo, podemos apreciar que gran parte pertenece al mismo grupo étnico, conservan los mismos rasgos de desprecio por lo colectivo -es decir la ciudad- y corren solo en pos de la renta. Edificios y casas viejas que se van convirtiendo en solares vacios, esperando el engorde del valor del suelo. Como el municipio gobierna para ellos y son parte del poder, ahí dormitarán hasta un día despertar a un nuevo amanecer. Dijimos que podíamos irradiar del centro al norte, sur y al oeste y el horizonte es el mismo: una inmensa y compacta mancha descolorida de techos de zinc. El Suburbio que se hunde en el manglar, el Guasmo que lo contiene el Estero y el Río; y los cerros que los colorean para ocultar la vergüenza y halagar de alguna forma a los nuevos vecinos del Puerto Sta. Ana ¡Cuánto daño hace a la sociedad el maridaje sin escrúpulos del poder político y el económico! El gobierno local no participa ni le importa la construcción de ciudadanía, le interesa y gerencia negocios, en consecuencia se vuelve cómplice de la degradación de la forma de vida, los meandros de mar que fueron agredidos se vuelven trampas de la pobreza. Pero Guayaquil es paradójico, la burguesía también busca placidas riberas de los esteros, de los ríos. Urdesa es gran ejemplo, el Estero bordea todo el conjunto urbanístico: aguas claras, navegables, un micro sistema natural envidiable; hasta que un día los mismos industriales primero, luego la masa invasora, trocaron a ese remanso de mar en una colosal alcantarilla. La burguesía tiene gran capacidad de movilidad, el espacio es una fortaleza. Esta vez emigró a un aislado territorio de geometría triangular -La Puntilla- bañado por dos caudalosos Ríos: el Babahoyo y el Daule, como bisectriz de ese triángulo surca el único eje vial, convirtiéndose en la yugular de la zona; si consideramos que cada miembro de la familia tiene vehículo más todas las otras actividades complementarias, en una emergencia de catástrofe no es difícil evaluar los resultados. Ojalá jamás se estrangule con vidas. Como siempre lo han hecho, los municipios no construyen urbanismo, tampoco ciudadanos, solo administran poder político y dinero, desde ahí perviven en sus canonjías y cuelgan sus escudos nobiliarios. La invasión del suelo urbano en Guayaquil, es un problema de lucha de clases. Parece que las teorías de M. Fiedman surgieron aquí, con respecto a: lo público es mío. No solo el proletario se apropia de tierras baldías y ahí construye un remedo de casa; también lo hace la burguesía rentista. La diferencia es que el primero aspira que ahí quepan sus sueños; el segundo es si todo cabe en sus bolsillos. El complejo urbanístico y arquitectónico de Mall del Sol, buena parte fueron tierras de conquista de una banda de traficantes en tiempos de una célebre alcaldesa; el reclamo pudoroso a semejante vergüenza y descaro terminaron en manos de grandes promotores inmobiliarios con el Sol como faro. Independiente de la dudosa tenencia de la tierra, el uso del suelo, porcentajes de área de implantación entre otras son regulaciones municipales que no existen. Aquel proyecto posee una promiscuidad y hacinamiento arquitectónico que busca confundir y disimular el estilo de su modesta modernidad con un híbrido estilo High Tech; para el que lo habita debe ser más característico. Construcciones de alta calidad -mucho vidrio, aluminio- enfiladas y agrupadas en enormes bloques propios para vivienda multifamiliar subsidiada. Otra estrella del “desarrollo” urbano de la ciudad es el conjunto comercial, vivienda y servicios en el sector norte de la ciudad que evidencia la inexistencia de un Plan Regulador, ni normas mínimas a cumplir. Arranca del City Mall hacia el este, en el único eje vial existente de segundo orden, ya de tráfico colapsado, poblado de centros educativos, residenciales y comerciales; sobre esta calle se construyen edificios de gran altura. Lo singular de este mega proyecto urbano y arquitectónico es que las edificaciones están emplazadas y parten desde la misma línea de fabrica; las marquesinas que señalan los ingresos llevan el plomo del bordillo; son de una mezquindad suburbana con el espacio, que un vehículo que se estacione momentáneamente puede provocar el apocalipsis. Es necesario enfatizar que la zona tiene una trama reticular de todas las calles ciegas, de segundo y tercer orden. La movilidad, la contaminación, la sustentabilidad y el modelo de vida serán de última categoría. Guayaquil es una ciudad patética, amada y maltratada por su población, manipulada por las élites que conocen o han vivido en metrópolis europeas y norteamericanas, despreciada por políticos gamberros, indiferente a sus colegios profesionales: Arquitectos, Ingenieros, Salubristas etc., engañada por los medios y adulada por cronistas cursis. No es la fragua, ni el crisol que melosamente vociferan las oligarquías decadentes. Es simplemente el lugar que ahora, hoy, desde otra visión política, nuevos e inteligentes liderazgos está aprehendiendo a construir ciudadanía donde todos puedan tener un lugar un futuro y una Nación.

01 mayo 2013

NI TRIUNFO NI APOTEOSIS… PESIMISMO


Arq. Vicente Vargas Ludeña
No está clara la pertinencia del concepto de ciclo en la vida de los seres. Indudable que la materia prima de ese círculo -de ahí deriva ciclo- es el tiempo; entonces el problema es su  geometría. En la línea del tiempo se extienden o acortan esos segmentos  determinados por la edad, las vivencias, y  su rol en el contexto social. El papel que desempeñó el individuo puede ser, intelectual, cultural, político o emprendedor, etc. Un deportista  -el futbol por ejemplo- inciertamente inicia su camino, vive de él y para él, y un día un trauma, la edad o cualquier contingencia lo orilla. Lo mismo sucede en cualquier práctica social.
Personalmente he transitado por la Universidad Técnica de Babahoyo con preocupación académica, durante treinta y siete años. Esto tiene el carácter de inicio y cierre de un ciclo. No fueron las cuentas del tiempo: dogal, desvelos, sacrificio; fueron más bien: un ejercicio intelectual, un desafío académico y una nueva experiencia; inicialmente con mucha vocación y talante, mas tarde con escepticismo y finalmente con desdén. De esto hablaremos más adelante.
Las notas secuenciales que se narran a continuación no son una crónica, tampoco un ensayo, ni una denuncia, teorización sociológica o acusación particular. Son una semblanza reflexiva, analítica y crítica de lo que conocí y viví. Es lo que existe en este instante, y que cualquier persona puede dar fe. Mi presencia en la Institución, debo confesar, siempre fue periférica, salvo un corto periodo que me involucré y me planté en el ojo del huracán; tiempo suficiente para ponderar el tamaño de los avatares a los que ha sido y es sometida la Universidad; medir las fuerzas contingentes que habían participado históricamente en las pugnas, armando y desbaratando lo que los anteriores consideraban sus logros. Siempre el leitmotiv del nuevo cortejo fue construir sobre las ruinas dejadas de los que huyeron. Hasta llegar al actual momento. El corsi e ricorsi de la condición humana, de G. Vico.
Creyendo que esos episodios vividos, podrían ser el fin del ricorsi, con transparente ingenuidad me inicié con un texto de mi pluma para un memorial en bronce que todos aprobaron; y que recordaba la última guerra de los buenos contra los malos. Un robusto árbol de mango protege del brillante sol de las mañanas al monolito que recibe  el bronce, ubicado en el espacio abierto central del Campus.
MEMORIAL
ESTE BRONCE Y ESTE LUGAR, PERENNIZAN UN ACONTECIMIENTO HISTÓRICO PARA LA EXISTENCIA MISMA DE ESTA INSTITUCION. EL 24 DE FEBRERO DEL AÑO 2002 SE INICIÓ UN MOVIMEINTO DE SUS MIEMBROS QUE CONMOVIÓ, DETUVO EL DERRUMBE Y DESPARICION DE LA UNIVERSIDAD TECNICA DE BABAHOYO.
NUNCA MAS DEBERAN EXISTIR PEDESTALES NI BRONCES QUE NO SEAN PARA CELEBRAR EL TRIUNFO Y LA APOTEOSIS DE LA UNIVESRSIDAD.
EL COMITÉ
BABAHOYO, 24 DE FEFBRERO 2005
Para una cabal comprensión de la crisis actual de la UTB, es necesario contextualizar con la realidad nacional, primero; luego adentrarnos en la región, y en la Institución  después. Para cualquier análisis, siempre partimos de la época más cercana políticamente: El fin de las dictaduras militares y civiles que culminan en el año de 1979, ya eran el inicio de un sistema socio-económico y político que más adelante pisa duro en el mundo: el neoliberalismo, apuntando  toda su parafernalia a los Estados pobres y a sus Instituciones; que luego serán pasto de los buitres y sus fondos financieros externos, en intrincada complicidad con las elites locales. Cuando alguien denuesta que somos nosotros mismos los incapaces y deshonestos en el manejo y administración de lo público, tiene razón; pero las Tablas de la Ley y sus diez mandamientos vienen desde el imperio, del cual hemos dependido históricamente. Además, con sencilla decencia, debemos admitir que de lo poco decentes que somos, viene de un mestizaje hispano-americano; ironizado por los mexicanos en la Malinche -Indígena al servicio de Cortez en la conquista- por su felonía, oportunismo y todos sus efectos colaterales.
Este síndrome ético cunde de desanimo y pesimismo en el conjunto social, que se transmite de una generación a otra, y se vuelve infinita en el tiempo ¿Cómo explicar, que pueblos de la costa asentados en una cuenca hidrográfica de magnitudes oceánicas, la gente que vive en las orillas de los caudalosos ríos, no tenga agua potable para saciar su sed? Babahoyo es un paradigma de ese maldito destino. Es la incapacidad enciclopédica y la vasta picardía  de bajos fondos. Es el lacerante final de estos pueblos. Lo señalado, interpreta la dinámica de la aplicación del modelo de Estado y sociedad que requiere el sistema para funcionar, con los agregados ya dichos. Estas dos fuerzas poderosas impuestas desde afuera y la degradación desde adentro, no hay Estado, ni Instituciones que se mantengan en pie. Todo se derrumba. Febres Cordero, por ejemplo, fue un titán en corromper y demoler el pequeño y débil Estado-nación que teníamos, hasta dejar en escombros: el poder político, la Justicia, el Parlamento, la FF. AA. Etc. Todo lo que tocaba lo prostituía.
La educación elemento indispensable -como el agua y el aire para la vida- en una sociedad civilizada, también estaba en la mira del modelo del sistema que estaba por venir. A la gran burguesía, la educación pública no le interesaba; no estaba en su agenda financiera ni política;  estaba, solo como agente reproductor de ideología del sistema. Ellos sembrarían el País de centros educativos y universidades que sus miembros requerían. Las ruinas de la academia pública la dejarían intencionalmente a grupos políticos delirantes y a encomiables administradores para que tutelen la educación superior. Entonces, “los que no pudieron aprender, se dedicaron a enseñar y a administrar”. En el balance final, ahora que otros horizontes  aparecen para la Universidad ecuatoriana, es difícil establecer quien le ha causado más daño: si las elites desde el poder político complaciente, los grupos gamberros politizados. O, es la mezcla de todo.
Las Universidades públicas antiguas y con pergaminos, hasta las más jóvenes sin pedigrí y de dudosa existencia, fueron pasto del vandalismo y vergüenza. Unas más, otras menos. La Universidad Estatal de Guayaquil es una enorme masa informe en decadencia desde la década de los setenta; existen Facultades que son territorios liberados, Estados autárquicos -ahora obligados por la ley a devolver a los estudiantes el dinero mal habido-. Jóvenes egresados de esas facultades, con íntima honradez, se han matriculado en otras Carreras de otros centros para entender lo que un día habían ido a estudiar; y también, para tener un currículo competitivo.

En Ecuador, desde hace seis años, la sociedad percibe nuevas relaciones de poder político, no radicales, pero si latentes en algunos sectores y cambiantes en otros. Tener Universidades funcionando con los esquemas que se han descrito anteriormente, era rutina para el Estado, la sociedad, la familia, el estudiante. Todos asimilábamos y nos sometíamos al estatu quo, al modus vivendi, al establishment –y todas las formas de vida organizadas imaginarias- académico que había surgido en brumosas y largas noches de conciliábulos junto con sacrificados patriarcas. Nunca faltaron, en todo el Ecuador, los predestinados, iluminados, intelectuales, gerenciales que se ofrecían patrióticamente a salvar las Universidades. Hasta un Lelo se irguió en la Universidad de Guayaquil como salvador y refundador; y más bien se convirtió con sus ambiciones políticas en refundidor; de ahí, su enorme masa informe del alma mater porteña, como suele decir la frase hecha. Este gobierno inaugura la catarsis social y política, y el purgante más amargo que la comunidad debe tomar, es la determinación de evacuar por los desaguaderos ese pasado vergonzoso de modelo de Universidad. Esas purulencias seudo académicas que vivíamos, provocaba en la comunidad fatalidad y fatalismo como norma vital; y mantenían grupos perniciosos enquistados por décadas agudizando mas el daño moral de la sociedad.
Las nuevas estructuras orgánicas,  jurídicas, administrativas y académicas nacidas en este gobierno, intentan romper y detener, no la crisis, sino la destrucción de la sociedad. La categorización establecida por el Estado a partir de la primera y rasante evaluación de las Universidades, refleja groso modo lo que tenemos y con que contamos. En esa escala de evaluación de la A hasta la E, no son todas las que están, ni están todas las que son. Si el discurso del Gobierno de sus Planes, Programas y Proyectos académicos que tiene para el País y la aplicación evaluatoria ya no es rasante, sino rigurosa y profunda, muchas Universidades desaparecerán. Su desaparición no provocará la más mínima conmoción, ni reacción ciudadana, salvo la presencia de agitadores profesionales, los pequeños negocios asentados en el vecindario y algunos servidores;  los más contestatarios, serán los beneficiarios del poder. La razón es muy simple, aquellas instituciones no han trascendido ni han aportado en absoluto al desarrollo de la comunidad. Más bien constituyen un lastre económico y en algunos casos moral.

vichevargas.blogspot.com

NI TRIUNFO NI APOTEOSIS… PESIMISMO  II Parte

Arq. Vicente Vargas Ludeña
La Universidad Técnica de Babahoyo, relativamente joven -1972- es un buen ejemplo para una reflexión crítica de su trayectoria e incidencia en la vida de la región y la ciudad. Cuando nace una Institución trascendente y compleja en el seno de la sociedad, siempre se espera con ilusión soñadora, por los gestores, los beneficiarios y la población en general: horizontes luminosos, prósperos, señeros…La utopía volviéndose realidad. La misión, aunque no escrita en su tiempo, fue la formación académica de profesionales, con rigor científico, humanista, propagadora de la cultura; y fundamentalmente ética y moral. Estos principios son casi universales; los caminos, los actores y los logros son los diferentes. Es necesario y urgente trazar unas coordenadas históricas que ubiquen en el tiempo sus resultados.
La UTB, nace contaminada por el virus de las pugnas internas en su afán de poder. A veces, el oportunismo se lo matiza con excelencia: quien lo hace mejor; otras, con una mantecosa sustancia llamada lucha ideológica. Como cada Universidad debe tener su propio héroe, a cuya tumba o memoria se debe peregrinar cada vez que las circunstancias lo requieran, también ésta lo tuvo. Un día asesinaron en su propio campus a un “combatiente de la libertad”. Es decir, con la partida de nacimiento de la Institución, también se otorga la partida de defunción de un luchador. Paradojas cartesianas. He ahí la importancia de las coordenadas. El caos, descomposición social, política, económica y política, improvisación, desconcierto  que vive el País en aquella época,  la Universidad era su espejo con todo  su brillo, las taras se reproducían a imagen y semejanza, y a veces con refinados debates filosóficos, ideológicos y políticos. Aquella época, era de verdad de conflictos mundiales, los eventos propiciaban la discusión, la toma de partido: Vietnam, Mayo de 68; las contradicciones del sistema encarnadas en la juventud norteamericana etc., llegaban como eco a nuestra comarca. Pero el surgimiento de pandillas en el seno de las Universidades del País nada tenía que ver con lo expuesto. La Universidad de Guayaquil tuvo sus propios pistoleros: “los Atalas”, a imagen y semejanza de cualquier banda de delincuentes; luego evolucionaron a  tales por cuales, como los gobernantes actuales. La ilusión soñadora de los riosenses, la utopía realizada de un centro académico propio, se fue transformando sistemáticamente en una estructura rentista.
Sin embargo, también hubo un relámpago de brillo y lucidez, con pensadores, escritores y suscitadores  de cultura; profesores con vocación y pasión, de todo el País, pasaron por sus aulas. Duró muy  poco tiempo. Luego todo se opacó.
Construir una narrativa lineal de las crisis institucionales: la cuestión académica, profesores, estudiantes, conocimiento, ciencia o arte; ni siquiera razones ideológicas, si las hubiera; no es relevante en esta reflexión; porque estas categorías son efectos del colapso. El desastre con todas sus consecuencias ha sido: quién administra los recursos económicos. Sin arriesgar nadie, nada. Gastar es la meta. Pero esto, cualquier transeúnte lo puede hacer; no invertir, porque para aquello se requieren Planes, Programas y Proyectos.
En ese marco de referencia, los colectivos, los actores principales, los que están en la palestra, se fragmentan en pos del poder. Ello produce una estratificación que no es esperanzadora: los indiferentes, dejan hacer, dejan pasar –no son liberales- ; los cínicos: si no piden no dan, pero están dispuestos a recibir -nada se puede hacer-; los cómplices son los satélites, en lista de espera, que giran en torno a las estrellas que están en el centro gravitacional del poder y que manejan la llave maestra. Estos cortan y distribuyen la tarta.
 Los grupos que surgieron y pasaron por el gobierno universitario, permitieron y toleraron el caos, aupando la relajación de las normas. Lo que buscaban era evitar la presencia crítica, o alguien cercano con verdadero talento les haga sombra en el ejercicio del poder sin límites y enturbie sus próximos eventos electorales. Consecuentemente, no se vivía ni actuaba para el presente: el futuro era el objetivo. El ahora, solo es importante porque en él se estaba forjando el porvenir. Nunca fueron actores ni realizadores de hoy, sino del mañana. Hoy, es la consolidación de los pactos, los favores, los fieles seguidores… Cuando alcanzan lo soñado aspiran a nuevas cumbres borrascosas. Y así hasta el infinito; razón suprema para dejar de hacer, en su momento, lo debido: construir una verdadera Universidad. Así mismo, siempre estará latente la conspiración de los que se quedaron varados en la orilla.
En una familia no todos son brillantes; tampoco todos son idiotas. Las frecuentes y densas relaciones de parentesco que habitan en la Universidad, son una dolorosa rémora que pervierte la misión y la visión de la Institución. Si en los grupos familiares existe un destacado miembro que presta sus servicios y apoya el desarrollo; el resto  no lo será. Serán simples ganapanes. Existió un funcionario con mucha vocación para las prácticas del comercio y el desmonte que permaneció largos periodos -décadas- administrativos alternando diferentes cargos; su frondoso árbol genealógico sembrado en las praderas de la Universidad, lo convertía en una importante cuota de votos electorales con los que negociaba sus aspiraciones. Hasta que un día se hostigó y se marchó; ningún rastro dejó. La Universidad ha sido administrada y ha vegetado con ese modelo surgido en el cuarto de atrás, hasta el día de hoy.
Cuando el actual gobierno hace saltar las alarmas, golpeó la conciencia de la nación;  todos despertamos del encanto de Universidades que el sistema había montado. La recuperación de la función y servicio público entró en proceso de rescate, con dificultades, tropiezos, errores, pero la decisión estaba tomada. No más engaños ni falsías. Las Universidades cambian o desparecen. Muchas de ellas no han tenido, hasta hoy, capacidad de reacción, peor  conductas proactivas o propositivas. Más bien intentaron presentar frentes de lucha, cuestionamientos  con zonzos sesgos políticos. Pero ante lo inevitable y con la espada sobre las cabezas, se han sometido a las evaluaciones que marcarán su destino final. La calificación D obtenida en la evaluación anterior, es el inicio del viacrucis que debe seguir camino al Gólgota. En todo Calvario, hay verdugos.
 La pregunta que cabe en estas circunstancias es cuánto ha retrocedido la Universidad de Babahoyo. El modelo de gestión es igual hace veinte años atrás. Estancarse, es retroceder. Retroceder, es desaparecer. El riachuelo que no tributa en las cuencas formando los grandes ríos que llegan al mar, sus aguas se evaporan y terminan filtrándose al subsuelo: queda el lecho vacío. La vida en el entorno muere.
Paradojas de las aguas caprichosas. No se concibe un funcionamiento de un Campus, que periódicamente queda sumergida bajo el agua. La ciudad superó ese trauma invernal, de parecer Venecia sin sus encantos, paralizando las actividades y sufragando cuantiosas pérdidas económicas. Las soluciones que se dan son irracionales hasta el delirio. Levantar el nivel del piso de algunos espacios, oficinas especialmente, mientras la solución técnica y definitiva no se da ¿Si el Campus se inundó, cuánto ha favorecido elevar el piso, si todo el espacio es inaccesible? Este fenómeno es consustancial al sistema sanitario: agua potable que no hay;  y aguas negras que contaminan la zona con infiltraciones de los Pozos Sépticos. Este cuadro sanitario grafica la opacidad de la gestión y el estancamiento del desarrollo de la Institución. 
La infraestructura edilicia es anti funcional y deficitaria. No se ha construido un metro cuadrado nuevo en edificaciones. En cambio, ha existido un festín de espacios reciclados. Práctica  útil en última instancia, pero lleva la impronta de la improvisación  con todas sus consecuencias.
La Universidad ha pagado con creces una gestión administrativa sin brújula y patrones caducos. Una gestión rígidamente centralizada, improvisación permanente, diseño de Planes Estratégicos de compromiso; falta de transparencia especialmente económica y financiera; falta de autonomía en las direcciones medias; ausencia absoluta de Planificación Física; sueños rotos de Palacios de Cristal; y un largo rosario de caos organizado. Alguna vez intercambiamos con un Decano la falta de los principales pilares sobre los que debería  asentarse una arquitectura de gestión moderna, eficiente y transparente. Primero, una Oficina jurídica Técnica, con personal calificado, que interprete, cumpla y haga cumplir las leyes y reglamentos, y defienda los intereses Institucionales. La Comisaria montada al vuelo y luego perennizada, ha traído innumerables problemas legales a la Universidad; una solvente Sindicatura habría evitado largas,  frecuentes y bochornosas procesiones por la calle de la Catedral en procura  de la Justicia.
Segundo, el  trazado de Planes económicos y financieros de corto, mediano y largo plazo, solo lo puede realizar un Departamento Financiero Técnico, bajo la dirección de un experto en el área económica y financiera; la carencia de una política financiera y una programación de gastos e inversiones, es imposible un desarrollo sostenido. Lo que existe actualmente son unas bien despachadas oficinas de Contabilidad; donde lo más importante es el Debe y el Haber. Nunca antes, se ha dispuesto de holgadas y puntuales partidas presupuestarias gubernamentales.
El tercer pilar de la construcción administrativa que exigen los gurús gerenciales, es el Talento Humano, la gente siempre ha existido, pero ahora la especialidad del trabajo lo selecciona con escrúpulos. El Gobierno central marca la pauta de ese requisito para emprender en el camino hacia adelante. Claro, es indispensable saber cuántos son, donde están, quienes son, para que sirven, que saben etc. etc. El Presidente de la Asociación de Profesores en magna asamblea expresó, que en las oficinas de Personal, no existía archivo alguno; y que él había realizado ese trabajo: levantar una base de datos de los Profesores.
Finalmente, para terminar de construir el edificio que será el epicentro de la gestión administrativa rectora, dinámica y moderna de la Institución, es indispensable que la cuarta columna sea el bagaje, el acervo y la honestidad de sus actores.
CONCLUSIONES
La justicia es la posibilidad de construir el bien y la capacidad de reconocerlo. Entonces, la Justicia es un valor y una Institución tutelar a la que se debe recurrir para hacer valer los derechos y reconocer los deberes. Pero esta dama de ojos vendados, balanza en mano y espada refulgente, puede ser manoseada y pervertido su fin. En el Ecuador contemporáneo, apareció un personaje que ejerció el poder de Presidente de la República; cuando lo abandonó, se apoderó de otro poder: la Justicia; y con ella tejió una urdimbre de poderes que le sirvieron para perseguir a sus enemigos como “perro con hambre”. El ejercicio y práctica de la política la judicializó. Hoy, se puede afirmar, sin dudar un instante, que su vida pública tuvo un triste final, y causó un enorme daño a la Nación. Algunos beneficiarios, solamente, recordaran su memoria. Nadie más. En la gestión administrativa de la Universidad se practicó con meticulosas prolijidad ese guión: la judicialización. No se explica de otra manera que una Academia tenga en sus páginas 78 misceláneas causas de acciones/delito (www.fucionjudicial-losrios.gob.ec/index.php/consulta-causas)  en los Tribunales de Justicia de la República. Algunos dicen que son mas, no hay testimonios. Aquí no cabe un solo comentario ni argumento adicional. Todo está dicho en este párrafo.
El pensamiento del MEMORIAL es paradójico con la realidad;  y de ahí el Titulo de esta reflexión. La incertidumbre y el pesimismo es la cuerda que aprieta las gargantas de los colectivos. Sin embargo no sucede lo mismo con los que han medrado: después de mí, el diluvio. Como el personaje del frondoso árbol genealógico.
 También otros, en los patios de espera, se aprestan al reemplazo. Tienen el mismo perfil: tupidas tramas familiares, visión académica aldeana, refractarios a la cultura y al arte; pero llenos de entusiasmo.
El desvelamiento de la realidad no hubiera sido posible sin un Gobierno como el actual, que corrió el  telón de falsos escenarios universitarios. La construcción de un cambio de época para la Universidad, solo está en manos de los organismos creados para el efecto por el poder público. La Institución es un enfermo de diagnóstico reservado, sus actores y protagonistas principales, son fundamentalmente pacientes; y no tratantes, como se empeñan en aparecer.

vichevargas.blogspot.com

20 marzo 2013

LAS CLASES, EL AMOR Y LA LUCHA


Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                      20-03-2013
El fenómeno  político que ocurre en buena parte de América Latina, en cuya dinámica subyacen inexorables  leyes de la dialéctica en la eterna lucha de las clases sociales, que algunos líderes, por razones poco comprensibles las ignoran, y tampoco las agudizan; y más bien, en un coctel místico-religioso cargado de sentimientos y emociones, buscan construir un sistema político-económico socialista del siglo XXI.
Negar la lucha de clases en la estructura de la sociedad actual, equivale a negar la supervivencia  de las especies más aptas y versátiles en determinados ecosistemas. Las clases sociales y sus antagonismos existen independientemente de cualquier voluntad. Las clases sociales no son las fichas sobre el tablero del ajedrez, que después del juego, el Rey, la Reina y los peones vuelven a la caja. No debe confundirse la violencia de la turba que pueda provocar una protesta o reclamo, como los muchos que existen ahora en Europa, y en España con frecuencia y ahínco. ¡Qué aquello lleva implícito los genes  de esa contradicción: la lucha! No cabe duda alguna. Pero la lucha que la dialéctica descubre como ley, es aquella en la que los individuos ocupan en el juego de las fuerzas productivas y la apropiación de esa riqueza generada; para de inmediato pasar a saber  quién y cómo administrarla. El magnate estadounidense del dinero Warren Buffet, con sincera sorna, dice: “La lucha de clases sigue existiendo pero la mía va ganando”. Ignorarla, ocultarla o peor desconocerla es pretender hacer la revolución con vino y hostias en el altar de la misa.
La expresión más alta y evidente de esa lucha, es el poder. En principio cualquier poder. Pero el más arrasador es el poder político y económico. El Leviatán de T. Hobbes; la acción humana motivada por el deseo irrefrenable de dominación permanente, sin delegación; solo suspendida por la muerte. Pero el problema surge, porque para lograrlo es preciso enfrentarse a los demás: “Bellum ómnium contra omnes (guerra de todos contra todos); y la frase hecha “Homo homini lupus est” (El hombre es el lobo del hombre); dibujan el eterno dilema de la confrontación de los estratos sociales, solo cuando adquieren conciencia de clase. La categoría de conciencia de clase es compleja y múltiple. Pero es ella, la conciencia, la que construye la panoplia para la lucha: ideología, acervo, solidaridad, desprendimiento, coraje, heroísmo; y también amor.
En el arco iris de cambios, de mayoría coyunturales, que algunos gobiernos progresistas, también llamados socialistas el siglo XXI, están impulsando en América Latina; unos tímidamente, otros más  radicales, escamotean el discurso y la práctica de la lucha de clases; porque no creen en ello, o porque no es preciso en el contexto del nuevo modelo, a pesar que sus acciones aritméticamente están orientadas a sectores desvalidos. La percepción que existe en los Países del ALBA, es que Bolivia dadas sus particulares contradicciones, la lucha de clases se da palmo a palmo, estrato a estrato. La inmensa masa indígena presenta batalla en todos los planos a la pequeña, pero poderosa aristocracia heredera de siglos de las riquezas y del poder político. A pesar del arraigo de su sincretismo, el futuro lo acarician con más anhelo que otros pueblos de la región. El mismo Evo, es la encarnación de esa conciencia de clase en la lucha por revertir la historia.
En la práctica política revolucionaria no existen adversarios. Existen enemigos de clase. Adversarios, son los candidatos vecinos en las campañas electorales, cuyas plataformas y discursos son los mismos, pero con diferentes y cimbreantes  cachiporreras. Nada más. La lucha de clase esta signada por el peligro interno y externo, cuyos grupos facciosos obedecen consignas de la anti patria. No se puede hacer transformaciones estructurales, revoluciones, ofreciendo rosas y miel con amor, café para todos, o piadosos rosarios de buenos sentimientos. Hugo Chávez, en Venezuela, prodigó todo lo anterior, pero también armó a grupos milicianos civiles, atentos  para dar una repuesta militar cuando la ultra derecha amenace, independiente del vuelco que dio a las fuerzas armadas hacia un proyecto socialista. El antagonismo de clase lleva implícito el germen de la violencia, de la guerra civil; en fin de la revolución. Las fuerzas coaligadas del capitalismo fascista tienen francotiradores de todo calibre, de todo pelambre a tiempo completo para sacar del escenario a Correa, Morales, Maduro y todo aquel que se empeñe en cambiar el destino del imperio.
El brebaje religión y política no ha sido, tampoco será la panacea para aliviar las tensiones que provoca la lucha. Es más, algunas sectas son aberraciones y asaltos a la razón; hordas con la biblia en la mano usándolo como mazo al cerebro. Acaba de demostrarlo un adocenado bíblico fungiendo de candidato a la presidencia en el Ecuador. La religión católica goza de los mismos traumas irracionales por sus cuatro costados, incluido el celestial. El espectáculo del nuevo Papa en el Vaticano, es marketing, inútil para los creyentes, pero valioso y necesario para el sistema neoliberal.

21 febrero 2013

LA TAREA DEL LÍDER


Arq. Vicente Vargas Ludeña                                                                        21-2-2013
El desarrollo del conocimiento y la producción de ciertos artilugios tecnológicos, especialmente, nos deslumbran tanto que llegan a enceguecer la realidad que nos rodea. Periódicamente los pensadores en los centros de poder clasifican las épocas dependiendo de sus intrínsecos e inmediatos objetivos: milenios, eras, olas, épocas etc. La realidad como latinoamericanos y ecuatorianos que conocemos, hemos vivido y de ahí provenimos son: la pre-colonia, la colonia, la influencia de la modernidad mezclada con rasgos feudales venida desde afuera, y la época actual que nadie apunta como definirla, salvo el sambenito universalmente aceptado de posmodernidad, con toda la carga ideológica y su respectiva impronta del capital financiero, como protagonista en la aldea global. En este intrincado panorama de las épocas y lo modelos, nos desenvolvemos no solo teóricamente sino también en la praxis; especialmente con las experiencias políticas electorales que acabamos de vivir en Ecuador electoralmente, el 17 de febrero del año en curso; y que nos ubican en diferentes disyuntivas nunca antes vividas.
Evidentemente, la complejidad de los modos y  multiplicidad de las relaciones de producción, nos impiden discernir y constatar fenómenos históricos que han sido, y  son aún comunes en la vida de los pueblos y la existencia de los seres. Es necesario partir de lo simple y de lo uno: la lógica, la ética y la estética, son las herramientas primigenias y vertebrales en la vida del ser. Estas, han servido para crear el homo habilis, el homo sapiens y el zoon politikon. De este animal político es que deseamos descifrar sus tareas, en el cual están implícitas las categorías arriba mencionadas, además, son una prueba de vida en la organización de una sociedad más justa y equilibrada y el líder las debe  cumplir a cabalidad.
La ratificación unánime que la multitud ha dado en estas elecciones al Presidente Rafael Correa y a su Proyecto político a través de la masiva selección de Asambleístas de su propio movimiento, es un fenómeno de particulares características históricas. Y es fenomenal el acontecimiento, porque se ratificó lo que tenía un pálido resplandor: ahora, se consagra la figura y presencia del líder con todo el peso de su carga semántica. Correa ha dado un paso trascendental, de Presidente se ha convertido en conductor de un pueblo. Nuestra historia política  ha tenido decenas de Presidentes; conductores escasos. Su mérito de líder, comienza torciéndole el brazo perverso al oprobioso pasado que las elites  habían montado en el País; y con firmeza ofreció otro camino por donde transitar. En el desamparo, descomposición moral, pesimismo y un incierto final que le esperaba a la Nación, cualquier camino que no sea la inequidad el pueblo valoraría. Por esta razón es preciso señalar la consagración y tarea del líder y su liderazgo en el ejercicio del poder.
En América Latina los pueblos están agotando su paciencia frente a tanto desamparo, extorsión y sometimiento de las economías hegemónicas, y parasitados por las oligarquías locales de cada nación. Con  partos dolorosos y gestados en grandes y  a veces cruentas epopeyas, las multitudes han tanteado al conductor que la guíe e interprete su penar; muchos resultaron felones. Así mismo de sus entrañas están saliendo los líderes que llegan puntuales a destruir el pasado ignominioso. Venezuela, Bolivia, Argentina y por supuesto Ecuador, son algunos ejemplos vividos. Esto no es panegírico de nada; es solo una crónica objetiva de lo que estamos viviendo; aunque corifeos criollos  e imperiales denuesten rabiosamente de estos pueblos por trazar sus propios horizontes, y vaticinen el Armagedón a sus vidas. El pueblo se equivocó en las elecciones, salió a decir un político de derecha.
Rafael Correa, interpretó la historia con las herramientas que adquirió y pertenecían a su vida: su extracción de clase, su talento, la academia,  la cualidad de líder y la voluntad de poder. Con esas armas inició el tortuoso y largo camino de transformar la abyecta realidad. Lo está logrando, así lo reconocen desde todas la puntas de la rosa de los vientos, también los más cavernarios retrógrados, aunque lo hacen en silencio y con miseria.
La victoria electoral, jamás debe ser vista como una reconfiguración política del Ecuador; aquello puede ser efímero; hemos vivido esas experiencias  con Velasco Ibarra, Guevara Moreno, principalmente. Este salto debe ser cualitativo, una vía al nuevo orden mundial, justo equitativo y pacífico. He ahí el papel de conductor que a su pueblo lo proyecte, y su onda expansiva cunda la región y contagie al mundo.
El tamaño de la responsabilidad y la envergadura del proyecto político no serán ligeros, tampoco fugaces. La tarea es titánica, permanente y plagada de peligros; por eso, una vida no basta. El horizonte que se labra, debe involucrar a los que, atrás vienen. Y aquello se mide en tiempo y espacio: décadas y geografías. No es comprensible, después de cuatro años, un Correa retirado en cualquier lugar del planeta iniciando su solaz envejecimiento, o convertido en burócrata internacional. Lo planteo sin  asomo de culto, lo hago desde la trinchera que nos toca combatir al enemigo. Sus justificaciones podrían ser humanas, pero la tarea es sobrehumana. La alternabilidad que la gran burguesía reclama y el imperio predica es una elaborada trampa para evitar cualquier cambio en el modelo. ¿Cuál es la diferencia entre Febres Cordero y Rodrigo Borja; Mahuad y Noboa; para comparar dos lumpen: Bucaram y Alarcón; Obama y Bush; Zapatero y Rajoy; Sarkozy y Hollande Etc. Etc.…? Otro argumento deleznable de los mismos sectores es la eternidad en el poder del verdadero líder, que se convierte en autócrata, tirano y otras aberraciones; el mismo argumento podría ser válido para las monarquías en la cuna de la civilización occidental, Europa. No solo que, aquellos  mueren en el poder sino que traspasan el trono, para que sus descendientes también mueran en ese sillón. Aquí hablamos  del conductor, no del liderazgo del marketing del consumo y las finanzas que nos ha vendido el neoliberalismo, asignándole categorías epistemológicas; es el conductor de la multitud que eligió liderar para siempre. Para ese liderazgo no hay plazos, treguas, descanso, rutina familiar -estoy recordando la pléyade de conductores que la humanidad y también la mestiza América Latina ha tenido-.
La tarea del líder es paralela a la tarea del héroe. Ambas son históricas. El héroe siempre rinde homenaje a la sociedad y a la Patria con su muerte; pero su vida está marcada por el ejercicio pleno de su libertad, es un aristócrata del mundo. Al héroe los pueblos  lo recuerdan, pero sobre todo, infinitamente lo aman. Al héroe –dice Bakunin- se lo debe fusilar al día siguiente de la revolución. Algunos ripostarán con furia los parangones, porque sus almas son de tamaño granular: insignificantes. Correa no es un héroe, es un líder. Pero es el ejercicio pleno de su libertad, de trascender eternamente, o volverse simplemente, un párroco  motivador de aldea de los sueños populares. En consecuencia, debe cambiar su discurso de retirarse para siempre a sus cuarteles de invierno después de cuatro años.
La patria lo requiere hasta siempre. Lo realizado y alcanzado en el País, incluida la verde esperanza que vive el pueblo, sin la presencia del líder, será fácil el retorno de las aves carroñeras, y los recuerdos serán solo  fuegos fatuos.